Porque sin tu mirada, se pierde la mañana,
Con tus ojos regresa la esperanza, degenerándose la nostalgia y con ella, la soledad.
Y sin embargo, el no tenerte a mi lado, aun con la esperanza rota, mas no destruida, me hundo en el letargo.
Ahora, en mi cabeza todo es un desorden.
Revolviendo mis pensamientos con desconfianza que a veces pasan de largo, la derrota y el desconsuelo.
Y de repente caminas al lado,
Sonriendo por cualquier causa,
¿Qué puedo hacer? Y, ¿Qué harás tú?
Cuando nos hayamos cansado.
Detrás de ese halo misterioso,
Que cubre esta montaña de dudas,
Resplandece al final del día,
Un amor tibio y a la vez, cauteloso.
Con la agonía del último destello estelar,
Aprisiono tu piel contra la mía,
Atando tus dedos y los míos, tus besos y los míos; tu frente, mi nariz; tu nariz y mi frente.
En una sinestesia profunda, acaricio tu mirada, veo tu aroma, escucho tus latidos agitados con mi piel y respiro tus sonidos agonizantes en una convulsión pirotécnica entre tu piel y la mía.
Y de repente, amaneció.
Sonreíste nuevamente,
¿Qué puedo hacer?
¿Qué haremos?
Hoy