domingo, 12 de noviembre de 2017

Sinestesia

Porque sin tu mirada, se pierde la mañana,
Con tus ojos regresa la esperanza, degenerándose la nostalgia y con ella, la soledad.

Y sin embargo, el no tenerte a mi lado, aun con la esperanza rota, mas no destruida, me hundo en el letargo.

Ahora, en mi cabeza todo es un desorden.
Revolviendo mis pensamientos con desconfianza que a veces pasan de largo, la derrota y el desconsuelo.

Y de repente caminas al lado,
Sonriendo por cualquier causa,
¿Qué puedo hacer? Y, ¿Qué harás tú?
Cuando nos hayamos cansado.

Detrás de ese halo misterioso,
Que cubre esta montaña de dudas,
Resplandece al final del día,
Un amor tibio y a la vez, cauteloso.

Con la agonía del último destello estelar,
Aprisiono tu piel contra la mía,
Atando tus dedos y los míos, tus besos y los míos; tu frente, mi nariz; tu nariz y mi frente.

En una sinestesia profunda, acaricio tu mirada, veo tu aroma, escucho tus latidos agitados con mi piel y respiro tus sonidos agonizantes en una convulsión pirotécnica entre tu piel y la mía.

Y de repente, amaneció.
Sonreíste nuevamente,
¿Qué puedo hacer?
¿Qué haremos?
Hoy

miércoles, 1 de noviembre de 2017

Sin espacio para más tiempo

Ahora, acecha por cualquier lugar y a cualquier hora, presentándome batallas ganadas y las que ha perdido. Salpicaduras de sangre y sudor, sudor y saliva, sabores amargos y frutas del campo. Replegué mis alas y descendí hacia el fondo del acantilado, que desde su cima vi tu figura que atravesaba los llanos verdes y húmedos. Bajé acompañado de una brisa suave, fría, pero adormecida por la luz del sol, que sobrecogía mis pensamientos. Bastaba ver tus ojos para saber que había sido buena idea el cortar el viento con mis alas y dirigir mi vida hacia tu mirada y tu vida a la mía. Las manecillas del reloj se han detenido de repente, exigiéndome aprovechar el tiempo perdido, el tiempo detenido y el tiempo por venir. De pronto cayó una pluma, que colocándole tinta indeleble, escribo esto que te escribo, más personal, más íntimo. Más. Detrás de la carta te espero, descubierto, compartiéndote mis plumas, mis alas y la tinta de mi corazón, para vivir lo soñado y soñar lo vivido con tus labios y los míos.

Sin entender

Ante la incertidumbre de no saber que nos deparará, nos depara o nos ha deparado la vida, queda únicamente saber que tenemos toda la vida para averiguarlo y saberlo en el momento y burlarnos de quienes se burlaron en ese tiempo.

Tras reconocer la maravilla de estar juntos, que la piel se me eriza al verte cercana, que te conozco y preciso de enfocarme y observar los movimientos de tus labios al hablarme, de tu mirada penetrante y a la vez dubitativa.

Por instantes me acerco, te veo, te percibo con mis sentidos, me alejo, recuerdo, anhelo y suspiro. No sé qué pensar, hacer o decir y ante la incertidumbre de no saber qué haré, queda únicamente arriesgarme y arriesgarnos.