domingo, 20 de septiembre de 2015

Insomnio



La noche viene cargada de muchísima energía que se acumuló durante el día. Es extraño, pero es lo que puede suceder(nos). Energía exacerbada que ya quisiéramos tener durante el día. ¿Podría controlar todo esto?

Deambulando y manteniendo la "cordura" durante las soleadas horas tropicales. Casi nadie sabe quienes andamos por la vida, teniendo una alterna. Realidades al final.

Dejo un momento para mí.  Y reflexionar y no esconderme de mí mismo. La noche, créeme, es fría, pero tibia de pensamientos, deseos y soluciones.  El cuerpo está tan ocupado de sus asuntos, que dejo que trabaje por su cuenta...como siempre.  Yo tengo más por resolver. Ansiedad, ¡No lo sé!

Pero es una tarea que se debe hacer. Se necesita y el cuerpo se alivia de la carga del día. Es ese dolor en la espalda que carcome minutos y horas de sueño(s). 

Considero que la mente en sí, quiere que aproveche el tiempo que se nos escapa del día o de otros días, que no podremos recuperar, es cierto, sin embargo mantener el ritmo de lo que nos pasa, no es difícil, únicamente quita tiempo.

Profundo sueño suena a bucear. Tampoco quiero vivir en estado de inconsciencia diurna. Creo que deberíamos replantearnos el significado de descanso.

Pensamientos van y vienen. 
¡Lástima! Otra idea que sólo vino a tocarme el hombro y no me dio tiempo siquiera de verle detenidamente o tomar nota.

Seguiré capturando ideas, ideas locas, exageradas, dependiendo del ángulo que las vea. Buscaré mi "atrapaideas" aunque no sirvan, pero que me dejen satisfecho con dejarme tranquilo y pasar a la realidad de Morpheo y caminar hacia la de los zombies que caminan sin sentido, con rumbo, pero sin horizonte. A la próxima que vean a alguno de esos muertos vivientes, díganles que está bastante silente por ahora y tal vez piensen en hacer sus tareas pendientes de la vida. 

¿Tinieblas y silencio?



Lo que estaba buscando.
A quien buscaba.
¿A quién busco?

Por tanto tiempo esperando algo nuevo.

Buenos tiempos compartiendo distancias, aliento y enfado.
La rabia desatada de cada mes y los coqueteos donde quiera que tu mente estaba.

Lo mejor que podría pasar es que pueda pasar. Porque puedo y quiero encender el humor atrapado entre tus oídos. El calor de sol no podría compararse a la pasión desatada de las circunstancias.

Bajando por la colina, estamos condenados a caer tan fuerte como queramos. Ambos traspasamos la barrera del momento. Recorriendo caminos maravillosos plegados y húmedos como llovizna o rocío, muerte o desvarío.

No tengo mucho que decir a mi favor, sino para mi placer.
Déjalo caer. Tiernos y tibios deseos unidos a lo largo del río y
presenciándolo y dejando ser al secreto que la lluvia bañe.

Cuando ocurra, haremos una fogata quemándonos con el aliento voraz.
Dependiendo de la inercia sublime del tiempo encapsulado en nuestros labios.

Entre tinieblas y silencio.
Susurros del viento.
Y hojarasca invisible en la oscuridad y ruidosa al paso de nuestros pasos.
Demasiado que quiero decir. Tanto que quiero callar.
Orgullo o vanidad, ¡qué más da!
Solamente cuerpos mordidos por la ansiedad.
Sabes lo que quiero decir y lo que quiero silenciar.
Estoy perdiéndome en otras mentes. Hablando conmigo.
Gastando saliva, aire y pensamientos.
¿Debería resistir? Cómo hago para no pensar en preguntas absurdas que solamente dañan y no me dejan hacer lo que quiero hacer y desear lo que quiero hacer y hacer lo que deseo.
Aprendo a vivir con ese fuego, que por supuesto, quema, pero también cura, renueva. Así que dejo que mi cuerpo se consuma, explote-mos- combustión espontánea.

Muerte constante




La intermitencia repentina, momentánea, 
ese instante inconsistente entre cada bocanada de aire que tomamos; 
es la muerte pausada que se resigna a matarnos de repente y prefiere mantener la tentativa constante, seguir tomándonos por el cuello.

Tantas alteraciones en la rutina que debería o quisiera hacer justo ahora; 
alteraciones a la costumbre que me consume poco a poco, día a día, minuto a minuto.
Trato, troto, me detengo y solicito una prórroga. Otro día, un día, más días. 
¡¿Para qué?!  Y precisamente ésa es la respuesta a todo o por lo menos, 
el inicio de algo ¿bueno?, no sé, lo intento. 

Paredes que siempre acorralan. 
Muros impenetrables.
Ventanas -a i s l a n t e s-

Tal vez haya un dejo de desesperación en todo esto. 
Una mínima causa de ella es la que nos empuja a a atrevernos a más o a menos. 
Detenerme a hacer, a pensar, a vivir, a desear.

Es lo de siempre, Es inútil tratar de conservar el tiempo. 
Se esfuma y nos atraviesa siempre o tal vez, lo menos pensado...nunca lo hemos tenido. 

Creo que el tiempo sí existe. Espero que exista. 
Más vale que no sea producto de mi imaginación.

Viene como el beso fugaz que esperas retener todo el tiempo que duren esos tres segundos. 
Esa saliva que traspasa hasta el tuétano, que duele, 
marchita, pero que renueva, renueva el tiempo y lo expande, lo transporta, me transporta. 
Tengo depósitos llenos de tiempecitos recolectados durante toda la vida.
La verdad, no los quiero mezclar, explotarían en mil pedazos o más. 

Tiempo volátil. Tiempo fútil y recuerdos fortuitos. 
Recuerdos que se están agotando de tanto uso. 
¿agotamiento o aburrimiento? no de tiempo, sino de momentos, 
de recuerdos y de historias pendientes de crearse, necesidad de crearse, de crearlos. 

Tiempo diminuto y explosivo. 
Suicida y a la vez esperanzador. 
Reminiscencias de la piel, sudor y aliento. 
Ansioso por pedir, pedir más...desear más, atraer tiempo/pasión.

domingo, 13 de septiembre de 2015

Reencuentro




Seño Junia


El 20 de febrero de 2015, no quise que acabase el día sin antes contar lo ocurrido por la tarde; ya luego de volver por un instante al lugar que me vio crecer y recordar, no los momentos, sino la vida que siguió su rumbo en otros lugares no tan lejanos. 

Tuve un dejo de nostalgia, pero no de tristeza, más bien de aquel recuerdo que nos viene de golpe, aunque acariciándome la memoria. Todo esto surgió luego de recorrer las calles en donde solía ser mi camino hacia mi centro de estudio, siendo adolescente. 

Al momento de entrar en un local de un centro comercial -inexistente por aquellos días- me encontré con la que fuera y es la Directora de mis estudios de primaria; tenaz, exigente, comprensiva, enérgica, consistente, luchadora, de un carácter fuerte, toda una institución. Han pasado casi 20 años desde la última vez que estuve bajo su dirección, la cual agradezco; siendo ella artífice de la educación de muchas generaciones, que me alegró y me puso a pensar: "¡Cómo ha pasado el tiempo!" y la señora se ve como el día que salí de su institución.

Reminiscencias... nostalgia, alegría y ¿Por qué no? tristeza, no por querer regresar a ese tiempo, sino porque me apena saber que pocas generaciones tendrán el honor o el privilegio de tener docentes de esa talla y la dirección que ejerció desde que la conocí. Me queda entre tantas otras cosas, el privilegio de ser recordado por quien soy, por quien fui y por las palabras tan alentadoras que hoy recibí de ella, en una charla de cinco minutos. Gracias "Seño Junia"

¿Qué pasa con la felicidad?

Mucho ha ocurrido últimamente en todo el mundo, bueno, eso pasa todo el tiempo...aunque todo -ahora- me resulta más interesante que antes, por no decir sorprendente.  Durante el día, me atrevo a decir que usamos, ¿o gastamos? el tiempo en buscar cómo fue que sucedieron las cosas que nos pasan, en lugar de aprender de ellas o por lo menos, pensar en la solución, creo que fue Einstein quien dijo algo parecido; que usamos el 90 % del tiempo en buscar el problema y la solución le dejamos un mísero restante 10 %, parafraseando, claro está.

Todos los seres humanos estamos en la ¿eterna? búsqueda hacia lo que consideramos nuestra felicidad, pero regresando unas líneas, ¿buscamos la felicidad o estamos disfrutando de ella? - Seguimos en el problema o buscamos solucionarlo -

Aquí entramos en un campo minado, algo inexplorado o por lo menos agreste, se trata de la situación "minutaria" de cada uno de nosotros.  Sí, libramos batallas diarias, por hora e incluso minutos y todo eso, sumado a ello, la incontenible continuidad del tiempo que hacemos o que nos hace.

El ser humano en sí, es fascinante, desde cualquier punto de vista, es como una galaxia lejana. Y cuando hablo de campo minado, hablo precisamente de eso, minas. Seres humanos conscientes o no de lo que hacen, pero que cada acción que toman o dejan de hacer, afecta de cualquier forma su alrededor y no digamos de su propio interior. Explosiones, implosiones y repercusiones en el minuto a minuto de cada uno.

Qué nos afecta, qué nos perjudica, qué nos alivia, qué nos sana, son tantas cosas que buscamos o que se nos atraviesan como jeringas dentro de la piel, pero únicamente nosotros somos quienes tenemos todo el derecho de dejar entrar o no, pensamientos, acciones, sentimiento o personas, cualquier cosa.

Lo casi absolutamente irremediable en la vida de la persona son las decisiones que se tienen que tomar. Aquí nos encontramos ante la disyuntiva entre el bien y el mal, lo bonito y lo feo, lo sucio y lo limpio, lo políticamente correcto y su contrario, la paz y la violencia, el sexo y la castidad. De cuanto tiempo disponemos, pues, dependerá del que queramos darle, entregarle, regalarle. Sí, suena extraño, pero somos vehículos cargados de sentimientos, pensamientos, sueños y deseos y de nosotros dependerá el quedarnos durmiendo o despertar y levantarnos para seguir buscando nuestra felicidad y no esperar que nos caiga por el puro efecto de la gravedad.

domingo, 6 de septiembre de 2015

El paso del tiempo parte 1 experimento propio, porque hay momentos en los que no hay con quién hablar

El paso del tiempo

Comienza un 7 de septiembre de 2015, luego de una jornada intensa que aún no termina en el país. Se hace historia, tratando de recuperar un país y luchar día a día en contra de la corrupción, bueno, yo hablo de mí mismo. Pero trato de hablar del paso del tiempo, que como se ha dicho, es uno de los "mejores" inventos del ser humano.

El ser humano lo inventa con el vano propósito de controlarlo, pero como todo mal chiste o como toda buena ironía, el tiempo terminó por conquistarlo y controlar al pobre inventor ¿fracasado?

Hemos sentido el pasar del mismo durante segundos, minutos, horas, días, años, lustros, décadas y ¡plaf! nos cae el balde de agua fría sobre nuestra congelada memoria y que remueve la nostalgia, la tragedia y la alegría.

No sé, es como tratar de entender cómo respirar, pero lo seguimos haciendo, inconscientemente y es imposible no querer recordar, no querer volver a amar ese momento de nuevo, recordar eso que quieres retener por un poco más, pero ¿quién osaría rehusar a tan apetecible oferta? - Es irreal, es cierto, pero todos lo han pensado, aunque sea una sola vez.

Nací y crecí durante la década de 1980, específicamente a partir de su mitad, pero la memoria no me falla o por lo menos, eso creo. Aún recuerdo esos días cuando la calle de la "casa" en la cual vivíamos con mis hermanos y papás.  -casa es un término demasiado grande; lo cierto es que fue un cuarto y luego dos- no estaba asfaltada, adoquinada o por lo menos aplanada y cuando la época lluviosa se hacía presente en ésta región, ¡vaya! ¡Grandes charcos que se hacían!

-¡Varito andá a comprar pan!- era esa frase que se repetía constantemente luego que la lluvia descansaba de crear charcos.  Y no era en vano la petición, la lluvia atraía a todas las personas cercanas a la panadería...les daba placer el hecho de comer ese pan recién salido del horno -a veces- y sopearlo en el café, que muchas veces era hervido y luego instantáneo. ¡Ah! y las caricaturas ochenteras que pasaban al final de la tarde, eso, cuando teníamos tele.  Jaja y rayando y pasándonos a los noventas, que aunque no tuve tantas comodidades, me di cuenta que no tenía dinero hasta que la pubertad me alcanzó. Pero esas memorias las dejaré por aquí, cuando mi mente las deje libres.