Los persistentes destellos de lucidez que se borran de repente cuando llega el momento. Ya habían pasado setenta y dos días desde aquel momento único -repetitivo e intermitente en su mente- cuando la vio por primera vez y fue tal su reacción que tuvo que inventarse una excusa para poder verla de nuevo "por accidente". Era imposible para él, dejar de verla, irremediablemente no podía disimular la atención que le robaba Aurora; una mujer que le quitaba el aliento y la voluntad, con el mundo y los pretendientes al acecho. De una belleza exuberante, sin artilugios ni excesos, simplemente auténtica. Sabía que tenía miedo de hablarle, de cruzar miradas, siquiera de acercarse. Ensayando una y otra vez la manera de romper ese maldito hielo que lo separaba de lo que, para él, era la felicidad o por lo menos, un acercamiento hacia ello. Únicamente alcanzaba a pensar en ella, él y ella, ella y él, nosotros, todos... de repente, lo embargaba un sentimiento de frustración y no sabía qué hacer con eso que lo entristecía de manera tan amarga. Y ...si me habla, ¿qué le digo? -Se preguntaba. Se dedicó a divagar en los posibles escenarios a los cuales se podría enfrentar. Viéndola cruzar la calle a través de un espacio casi invisible a los peatones y perfectamente ubicado en el momento preciso para verla pasar con todo su esplendor o encontrarla en el parque o buscarla al pasar por su casa. -No sabía- ¿Qué me pasa? -Se preguntaba otra y otra y otra vez con una voz casi inaudible. ¡Qué tal! Soy Fausto, vives cerca de mi casa, eres nueva en la colonia, ¿verdad? Por fin, lograba articular palabras con sentido. Era una presentación... sin público por suerte, pensó. ¡Ahora sí tengo que armarme de valor!...y divagó de nuevo y se cuestionó: "armarme de valor? ¡¿Qué estupidez es esa?!, ¡ni que fuera un puto lego! -Exclamó. Es hora de enfrentarse a la realidad. No tengo amigos a quienes valga la pena contarles o pedirles ayuda, creo que hasta yo soy el más adelantado de esos. En fin, no pierdo nada. Además, no sé si sabe besar o si besa bien...¿me querrá besar? Igual, haría como que sé y ya. Pero primero, encontrar la excusa perfecta... Y al final de tanta espera obligada por él y nadie más que él, daba un paso tras otro con una seguridad nunca antes vista en él y la encaró, la vio a los ojos tan delicadamente adorables, de una jovialidad sin límite y un color tan diferente a los tantos que ha visto en tantas fotografías de revistas, pero con su encanto intacto y una boquita que le daban ganas de arrebatarle un beso y plantárselo en el alma y aunque era paciente y tímido le preguntó su nombre. A lo cual, ella respondió: Aurora y de repente fue llamada por su padre, supuso. -Me tengo que ir, indicó. Pero, ¿puedo ver otro día? -preguntó Fausto- No creo, nos iremos mañana del país. Ya no volveremos. Solo fue una visita relámpago para dejar todo arreglado para mudarnos. Nunca la volvería a ver tras ese encuentro mágico e irreal, tan esperado se grababa y repetía constantemente en su memoria. Recordó una última vez, verla alejarse hacia su casa, cuando volvió a hablarle. ¡Fausto! ¿Sí? -contestó esperando que se arrepintiera de viajar. -Te había visto hace dos meses pensé que me hablarías. Le dijo ella tristemente. Tal vez te vuelva a ver... y conocer. Tanto tiempo que pasó por su mente, setenta y dos días para hablarle y toda una vida recordándola. |
domingo, 25 de octubre de 2015
Espera
domingo, 18 de octubre de 2015
¿El final de la "Ottopía"?
Trasciende en las noticias sobre el combate a la corrupción en Guatemala, que se ha llevado a cabo durante el 2015. Pues bien, el término "ottopía" se me ocurrió hace tiempo atrás. Sí, haciendo un contraste, si es que cabe, también con el término utopía. Es, asimismo, un juego de palabras de las que pretendo hacer alusión.
Entendiendo que el término utopía proviene del griego ouk, que significa No y topos, cuya traducción sería: no hay lugar o imposible. Bien, durante el siglo XVI, Tomás Moro llegó a escribir un libro acerca de ese lugar, esa nación imposible.
Entendiendo que el término utopía proviene del griego ouk, que significa No y topos, cuya traducción sería: no hay lugar o imposible. Bien, durante el siglo XVI, Tomás Moro llegó a escribir un libro acerca de ese lugar, esa nación imposible.
Pues, Ottopía viene siendo el lugar imposible de Otto, aludiendo al otrora presidente de la "República". Y la pregunta trascendental, de las tantas que pululan, es: ¿es éste el final de la era Ottópica? Atravesando un proceso legal en su contra, siendo inocente hasta demostrar lo contrario, se desvelan redes, implicaciones, llamadas, correos electrónicos que, de una manera u otra, lo incriminan. Si sabremos la verdad... nadie tiene la certeza.
Lo cierto es el deterioro institucional que si bien no fue producido inicialmente por los "Ottopianos", nadie de su equipo hizo nada para contrarrestarlo, es más, lo fueron hundiendo cada vez más. Lo más lamentables es, que tras manifestaciones periódicas de repudio hacia el gobierno Ottópico, éste, a mi parecer, solo ha relevado momentáneamente su poder.
Según el libro de Tomás Moro, dicho lugar es una joya de la cual todas las civilizaciones deben aprender y más importante, tomar ejemplo de ello. Lo peor de estas ideas acerca de un sistema como el descrito en dicho libro, fue tomado, dirigido, actualizado y tomado como una base, una biblia para quienes después hicieran del comunismo y socialismo su caballito de batalla; teniendo entre sus famosos jinetes a Marx y a Engels. Ya sabemos que de cualquier manera, este sistema no sirve en lo absoluto y únicamente da el poder a sus fundadores o "líderes" y dejando en la miseria a todo aquel que se encuentre por debajo de su dominio.
Quien dio la idea absurda de un lugar tan lleno de inconsistencias fue alguien llamado Hytlodeo, fue quien metió esa semillita al narrador de esa historia; pues, considero y acuño el nombre de los asesores de dicho movimiento Ottópico, a saber: Idioteo(s), sólo como un recurso válido para establecer que tanta estupidez no viene en una cabeza tan vacía.
El punto de convergencia entre los dos términos vino a ocupar un espacio entre mis pensamientos, no sin antes analizar cada uno por separado. A considerar, Ottopía, vino a desmitificar la idea errónea del superpoder de los gobernantes con respecto al pueblo. Sólo vimos a una parvada de buitres hambrientos de poder, de lujo y comodidad a costa de la población en general.
Pero, ¿Será suficiente?
¿Será suficiente el escarmiento hacia los poderes "ocultos" que se dejaron ver por su propia idiotez y avaricia?
Como última intervención a este tema, quiero comentar sobre algo que los guatemaltecos pensamos hace cuatro años: dar el beneficio de la duda. Dimos dicho beneficio el primer año, el segundo, el tercero, dando siempre nuevas oportunidades y excusándonos de considerar siquiera que fue por dar esa clase de beneficios cada vez, que nos han seguido dando "atol con el dedo"; creyendo que dicho relajo y desorden pudieran tener alguna explicación lógica. La segunda Ley de la Termodinámica explica que mide el grado de desorden de un sistema y afirma que nunca decrece con el tiempo y que hay "orden en el desorden", éste es conocido como "Entropía", que nada tiene que ver con algún sistema político, sino de energía.
Lo único rescatable de todo éste desorden, es la oportunidad de hacer las cosas de manera que podamos fiscalizar, cada uno su propia vida y tener la vista en las autoridades, que de divino no tienen nada y se les debe pedir cuentas, no cuando salgan de su ejercicio del poder, sino a cada momento.
¿Repetiremos la historia?
domingo, 4 de octubre de 2015
¿Miedo a qué?
Irremediablemente todos nos enfrentamos a situaciones y decisiones que de un momento a otro serán los recuerdos que tendremos, de lo que nos arrepentiremos o de lo que de un momento a otro nos satisfará el recordarlo una y otra vez.
Los miedos, tanto al fracaso como al éxito nos comprometen a hacer las cosas, eso, simplemente hacerlo. No por pretender mostrarle a los demás de lo que cada uno es capaz de hacer, de lo que somos capaces de intentarlo, sino de hacerlo por nosotros mismos. Respirar, respirar, respirar. Condenados -¿eternamente?- a hacerlo cada momento de nuestras vidas.
Cada segundo estamos al borde de la muerte. Cada minuto estamos tratando de estar más cerca de la orilla y no dejar que la marea nos lleve consigo. Tal y como se lo comentaba a alguien, lo que se necesita para morir es estar vivo, -tiempo después me di cuenta que Jorge Luis Borges lo había dicho de una mejor manera- "Para morir no se precisa más que estar vivo".
Estoy seguro que todo lo que hagamos repercute de una manera exponencialmente significativa en la vida de otros, ya sea de una manera positiva o negativa. Cada uno de nosotros se compromete con algo, con alguien, con nadie, con nada, pero siempre con un "con".
Hay ciertas cosas que me alivian, me muestran que volvemos a ser seres humanos, aunque sea por un único instante. Sí, hay situaciones, días, meses, personas, noticias, anhelos, sueños, pesadillas y más que repetidamente nos seguirán toda la vida y es nuestra única decisión dejar que nos acompañen sólo aquellas cosas que queremos que nos ayuden durante éste efímero paso a través de lo estático de una célula antes de crearse, los sueños infantiles, frustraciones por esos sueños incumplidos o inalcanzables, las emociones que se generan al ver a esa persona, las tristezas, los logros, la pérdida y muchas otras cosas que parecen mucho más, lo son. Todo lo que pudimos ser, es un hubiera que no debería existir. Nos debería ayudar a encauzar todo eso que tenemos acumulado, que nos hace un nudo en la garganta y explotarlo, irradiarlo y hacerlo real.
Al momento de escribir estas líneas, me he detenido a recordar muchísimas cosas, anhelos y compromisos adquiridos, eliminados o rechazados, ¡ja! me río y me pregunto: ¡¿Cómo diablos lo haré?! es decir, todo lo que quiero hacer.
Sólo me ha enseñado algo, el hecho irrefutable de rechazar lo malo que me rodee, no huir de ello, sino pelear por hacer bien las cosas, claro que cuesta, me cuesta y costará. Si no les gusta cómo uno habla, que no te hablen, por eso no te morirás. Si te caen mal y les caes mal, ¡bien! por no menos dejamos la hipocresía tirada.
Tengo poco tiempo, trato de estar en calma. Por cada decisión que tomé, que me revela al borde en el cual estoy, pero no tengo miedo o por lo menos, no quiero demostrarlo y mucho menos a nadie a quien no le importe. Así que siga la cuenta regresiva.
Los miedos, tanto al fracaso como al éxito nos comprometen a hacer las cosas, eso, simplemente hacerlo. No por pretender mostrarle a los demás de lo que cada uno es capaz de hacer, de lo que somos capaces de intentarlo, sino de hacerlo por nosotros mismos. Respirar, respirar, respirar. Condenados -¿eternamente?- a hacerlo cada momento de nuestras vidas.
Cada segundo estamos al borde de la muerte. Cada minuto estamos tratando de estar más cerca de la orilla y no dejar que la marea nos lleve consigo. Tal y como se lo comentaba a alguien, lo que se necesita para morir es estar vivo, -tiempo después me di cuenta que Jorge Luis Borges lo había dicho de una mejor manera- "Para morir no se precisa más que estar vivo".
Estoy seguro que todo lo que hagamos repercute de una manera exponencialmente significativa en la vida de otros, ya sea de una manera positiva o negativa. Cada uno de nosotros se compromete con algo, con alguien, con nadie, con nada, pero siempre con un "con".
Hay ciertas cosas que me alivian, me muestran que volvemos a ser seres humanos, aunque sea por un único instante. Sí, hay situaciones, días, meses, personas, noticias, anhelos, sueños, pesadillas y más que repetidamente nos seguirán toda la vida y es nuestra única decisión dejar que nos acompañen sólo aquellas cosas que queremos que nos ayuden durante éste efímero paso a través de lo estático de una célula antes de crearse, los sueños infantiles, frustraciones por esos sueños incumplidos o inalcanzables, las emociones que se generan al ver a esa persona, las tristezas, los logros, la pérdida y muchas otras cosas que parecen mucho más, lo son. Todo lo que pudimos ser, es un hubiera que no debería existir. Nos debería ayudar a encauzar todo eso que tenemos acumulado, que nos hace un nudo en la garganta y explotarlo, irradiarlo y hacerlo real.
Al momento de escribir estas líneas, me he detenido a recordar muchísimas cosas, anhelos y compromisos adquiridos, eliminados o rechazados, ¡ja! me río y me pregunto: ¡¿Cómo diablos lo haré?! es decir, todo lo que quiero hacer.
Sólo me ha enseñado algo, el hecho irrefutable de rechazar lo malo que me rodee, no huir de ello, sino pelear por hacer bien las cosas, claro que cuesta, me cuesta y costará. Si no les gusta cómo uno habla, que no te hablen, por eso no te morirás. Si te caen mal y les caes mal, ¡bien! por no menos dejamos la hipocresía tirada.
Tengo poco tiempo, trato de estar en calma. Por cada decisión que tomé, que me revela al borde en el cual estoy, pero no tengo miedo o por lo menos, no quiero demostrarlo y mucho menos a nadie a quien no le importe. Así que siga la cuenta regresiva.
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