lunes, 21 de diciembre de 2015
La tarde
La conocí un miércoles,
en una calle cualquiera,
en donde no había nadie que importara.
Estaba ahí,
conmigo,
nerviosa y abrumada,
aunque en mis sueños
sucumbíamos el uno al otro.
Tan cercana y a la vez tan lejana,
aproximada y distanciada,
Su aroma perfumaba mi boca y
mis besos silenciaban la tarde.
La vergüenza nos desamparó esa tarde y
la pasión de su boca y la mía,
unidas por un sueño cálido, suave, febril.
absorbimos nuestra esencia,
cada vez con mayor pasión,
para que se grabe en mi recuerdo
y se guarde en tu corazón,
domingo, 20 de diciembre de 2015
"A los señores..."
"A los señores María Elena y Álvaro -que no soy yo-, se les indica que su hijo (que no recuerdo su nombre, aunque lo seguirán mencionando), se encuentra en administración". Se dejaba escuchar a través de las bocinas, que interrumpían la música ambiental de la temporada navideña, que se sabía que se detenía para anunciar que el niño estaba en la administración del centro comercial.
"A los señores María Elena y Álvaro..." sonaba otra vez, mientras tanto, yo aprovechaba el tiempo y disponía del suficiente para beber un café y sentarme a leer algo, en medio de tantos murmullos y gente desconocida que deambulan incesantes por donde me encuentro y de pronto..."A los señores María Elena y Álvaro..."
Me da por interrumpir la lectura y sonreír de manera burlona y pronunciar a quien escuchara: "lo dejaron olvidado...que vengan mañana a recogerlo"
Proseguí en la línea que dejé en pausa, que dicho sea de paso, estaba muy interesante. "A los señores María Elena y Álvaro...". Desde el tercer llamado que pude notar, no me quedó de otra que imaginar los posibles escenarios del olvidado niño.
Que tal vez sea su único hijo y hayan ido de compras para gozar de unas fiestas tranquilas y con abundante comida y obsequios, podría ser uno de ellos y junto a ello, las constantes -qué caro está esto; bajate de la carreta, caminemos,- diría su madre, a lo mejor. Atolondrados para ver si llevan todo lo que pagaron, que no se nos olvide nada. Entre bolsas, cajas y envoltorios, personas igualmente atribuladas al entrar o salir para comprar o pagar el boleto del estacionamiento y en una de esas... el niño, seducido por la algarabía navideña, se desprendió de sus padres, que al parecer, no se han dado cuenta de su infortunado extravío.
De nuevo, pienso en la edad del niño "¿Qué edad tiene?" y a la vez digo: ¡Qué niño tan pendejo! que se sabe los nombres de sus papás, pero no sus números telefónicos...me corrijo: ¡Qué papás tan idiotas!
Otro escenario que imaginamos con una persona igual de sorprendida que yo, que únicamente lo fueron a dejar ahí, cansados de sus berrinches, mientras reíamos..."A los señores María Elena y Álvaro..." sonaba interminablemente la voz distorsionada desde la administración.
Si bien es cierto que es un tema serio la pérdida o extravío de un niño, no puedo imaginar cómo pueden dos adultos, responsables de sus hijos, perderlos de vista por estar pendientes de otras cosas, siendo su hijo, -espero-, el motivo por el cual fueron de compras.
Regreso a leer otro poco mientras tomo otro sorbo de café. Veo la hora y al parecer ya fueron a buscar a su hijo. Siento alivio por el momento. "A los señores María Elena y Álvaro..." No, ¡aún no lo han ido a buscar! ¡No jodan!, pienso. En ese momento, hasta llegué a imaginar que se habían ido sin él. Pensando que las compras lo habían dejado exhausto y se dormiría al entrar al carro, claro, si iban en carro.
Se me hacía tarde y me dirijo hacia la salida, esperando no volver a escuchar ese anuncio. Aún tengo duda si sonó de nuevo y no escuché -o ignoré- el insistente servicio social. Un poco molesto por la estupidez humana, de dejar de darle prioridad a quien realmente importa.
domingo, 13 de diciembre de 2015
La visita no deseada del dolor de cabeza
Buenos días, debes levantarte. Una de tantas mañanas de fin de semana, en las cuales uno como ser humano, trata de disfrutar o, al menos, distraerse o hacer algo diferente a lo que la tediosa rutina nos obliga, te sorprende dese temprano, un desastroso dolor de cabeza, que viene a tratar de joderte el día que habías imaginado algo no menos que excelente.
Luego te das cuenta que, para poder atenuar a ese puto visitante que sin más, se aloja en ese lugar en donde no se puede ni siquiera levantar la mirada, no basta con tragarse un par de pastilla. Te lavas los dientes a ciegas, creyendo que al abrirlos, desaparezca ese malestar.
No entiendes nada de lo que ocurre. Dormiste más o menos bien, no bebiste la noche anterior y comiste un poco menos de lo normal. Escupes la espuma y te enjuagas la boca, te bañas y hasta parece que al dolorcito imprudente le encanta el agua, -al menos algo tenemos en común-; desayunas algo ligero y te empeñas en seguir con tus planes, que el fin de semana corre rápidamente y ya será lunes y las calles congestionadas por todos lados impedirán que hagas todo lo que has planeado y sales.
Caminas y piensas si un poco de sol te caerá bien y apaciguar la presencia del polizón, que no se da cuenta que no es bienvenido. Bien, pues vas en curso.
Tomas el transporte público, -el que pase más rápido-, esperando que no lleve ese ruido retumbante mezclados con el sonido del motor desvencijado de esa camioneta. Lleva tan estruendoso el sonido de su aparato, que los audífonos que llevas puestos, pasan a ser solo un elemento decorativo saliente de tus orejas y tu doloroso acompañante parece moverse al ritmo de la <<música>>.
Después de varios minutos de lenta agonía dentro de la lata motorizada, al fin te bajas y te das cuenta que la lista de reproducción en tus audífonos siguen en marcha.
Ya entraste al comercial atiborrado de personas que vienen y van sin un orden preciso. Vas, compras algo que tenías pensado y sigues viendo las demás cosas en el escaparate o sobre la mesa. Toc, toc y la persistencia del dolor se acentúa luego de una ligera tregua unilateral.
El aroma del café que despide una máquina te llama la atención y recordabas que era uno de tus planes, el comprar un café y un bocadillo para ver pasar la locura en forma de personas con el movimiento restringido de sus brazos y manos por las compras hechas a última hora. Realmente te parece interesante.
Al fin llega el café que pediste junto al pastelito y al dolorcito parece gustarle la idea y ambos comen y beben al mismo tiempo. Te alegras de haber tomado esa decisión, sabiendo que tu acompañante se irá pronto, sin despedirse y sin agradecerte por la invitación al café, aunque tal vez lo extrañes.
El dolorcito se irá extinguiendo poco a poco y silenciosamente hasta desaparecer por completo. Tal vez uno de estos días, se recuerdo que no te agradeció por el café que bebieron y a lo mejor -o peor- encuentre el camino y te haga saber que volvió a decirte sin hablar: -gracias-.
domingo, 29 de noviembre de 2015
Manos
Los dedos recorren los contornos de tu piel,
atravesando montes y fuentes,
las manos conocen y reconocen
a la luz de la luna
tus caminos.
Los ojos se internan,
los unos hacia los otros,
se eliminan de ellos,
mutuamente,
el color y la forma,
se buscan y encuentran
en trágico y
ciego esplendor,
encontrándose cerrados.
Los labios cuentan
los minutos, las horas, los segundos,
quieren encontrar su sabor,
de nuevo.
Caricias y amagos,
deteniendo sus movimientos
y las horas,
recortándolas con mordiscos
y pintando el cielo
con el pincel de tu lengua,
regalándonos esos coloridos atardeceres.
Las manos,
tomándose con fuerza y caricias enteras,
tratando de no perderse en el tiempo,
para no naufragar en el desconocido espacio estelar.
Apretando los cuerpos que tiritan de miedo,
del miedo a navegar a ciegas,
a tientas.
Y es solo ese momento espléndido,
donde estamos parados,
donde las manos y dedos acarician suavemente
hasta apagar sus pasos,
y se convierten en besos ahogados,
hasta ver salir el sol,
tomados de las manos.
atravesando montes y fuentes,
las manos conocen y reconocen
a la luz de la luna
tus caminos.
Los ojos se internan,
los unos hacia los otros,
se eliminan de ellos,
mutuamente,
el color y la forma,
se buscan y encuentran
en trágico y
ciego esplendor,
encontrándose cerrados.
Los labios cuentan
los minutos, las horas, los segundos,
quieren encontrar su sabor,
de nuevo.
Caricias y amagos,
deteniendo sus movimientos
y las horas,
recortándolas con mordiscos
y pintando el cielo
con el pincel de tu lengua,
regalándonos esos coloridos atardeceres.
Las manos,
tomándose con fuerza y caricias enteras,
tratando de no perderse en el tiempo,
para no naufragar en el desconocido espacio estelar.
Apretando los cuerpos que tiritan de miedo,
del miedo a navegar a ciegas,
a tientas.
Y es solo ese momento espléndido,
donde estamos parados,
donde las manos y dedos acarician suavemente
hasta apagar sus pasos,
y se convierten en besos ahogados,
hasta ver salir el sol,
tomados de las manos.
Frío
He caminado por intrigantes y húmedos caminos,
fantasías y realidades mezcladas al fin.
Me he dejado llevar por tu perfume, que cubre silenciosamente el ambiente,
deambulando en los rincones de mis pensamientos,
dando golpecitos insistentes.
Yo quiero entender cómo caminar por tus senderos,
ahora que los relámpagos mueren y solo nos quedan
nuestros besos escondidos, debajo de la piel
y el frío,
que hará que nos fundamos.
Y podamos realmente enseñar nuestra verdad, única verdad,
y no huyamos de lo inevitable.
Mirémonos de nuevo,
en silencio,
aromatizados con el viento frío y
que nuestro aliento y tiritar
se vayan lejos de aquí,
tan lejanos de todo y todos, que
tendremos la noche para los dos,
olvidando los vientos
que nos envuelven,
pero que no nos importará.
Nada más que flores y peces y árboles y estrellas,
nos encontramos una y otra vez, tibiamente,
bajo la luz azul que nos baña
en un pequeño rincón
que la luna alcanza.
domingo, 22 de noviembre de 2015
Recordando el olvido
Con el cabello enmarañado,
una suerte de estilo,
diseñado por el paso de las horas.
Van fluyendo con el viento,
hasta posarse de nuevo en su lugar.
Viene apresurando el paso,
ahí va otra vez,
la acompaña en su espacio,
su aroma.
Dejando un velo misterioso,
grabándoselo en su memoria.
Un misterio mezclado con jazmines y bandas sonoras,
colores y sabores,
acompañando y adornando esas tardes,
tediosas tardes de bulliciosa lentitud y vituperios,
haciendo más ligera la carga de avanzar.
Pasa el día,
pasan las tardes,
pasaron las noches y
tu presencia se va diluyendo
y yo,
esperando que nuevamente regrese,
el fragante recuerdo
de tu cuerpo y el mío.
Viento sutil
Serpenteando en mi cabeza,
guardando la distancia,
mueves el viento a tu favor,
coloreando paisajes sin sentido
e impregnando con gestos sutiles,
tu presencia, aquí en mi pecho.
Arrancas de mi mente la quietud que reinaba
y te divierte de mi voluntad,
su inconcebible flexibilidad.
Tambaleo en la decisión de irrumpir en tu mente y
viajar por tus luminosos senderos y
manejar tu voluntad hasta que amanezca.
Ya he estado ahí, contigo,
recuerdo y olvido.
Amenazando con volver,
ese sonido estremecedor de tu voz,
atacando mis oídos,
prestos a rendirse, que luchan sin querer vencer,
dejando a tu merced
mi voluntad.
Ahora que amenazas con
borrarte de mi memoria.
Te aferras al mar del olvido,
esperando transformarte
en viento.
Ahora derramas recuerdos y canciones,
risas y temores que
fueron fruto de pasiones,
de nuevo recordadas,
desapareciendo en la nada,
en la distancia.
A merced de tu voluntad,
volviéndome viento en tu memoria,
otra vez.
domingo, 15 de noviembre de 2015
Humanidad
Ante el inminente temor que nos acecha, la paranoia se vuelve parte del contenido de nuestra mochila de viaje que hacemos día tras día.
Vislumbramos el éxito rotundo de la humanidad para repetir las cosas, los hechos y las decisiones que han hecho perder el concepto y por lo tanto la definición de la palabra "humanidad", para volverse una palabra carente de significado.
¿Acaso somos los seres más condenados en la vida de este planeta?
¿Somos el hazmerreír de supuestos titiriteros que manejan nuestras situaciones y movimientos y estamos obligados a seguir la inercia de esos hilos morbosamente manejados?
¿Tenemos la memoria apagada, los sentimientos encontrados y la sensibilidad frígida?
Abstrayéndonos en un mundo fantástico, irreal, irracional, pero posible, gracias a la delegación de responsabilidad que hemos sembrado y cosechado. Huyendo de vivir, de sentir artificialmente que cooperamos como humanos, que sentimos y que para ello se necesite de los quince minutos de fama, -muy bien medidos por Warhol, por cierto- y que nos colocan un halo de celebridad. Queremos ser seres humanos, sin serlo. Somos dispensadores automáticos de defectos con patética perfección, cual filtro de instagram. ¿Víctimas de la moda? A menos que ella sea estar en guerra constante, no le veo ninguna ventaja evolutiva, científica o tecnológica.
Nos ensañamos en contra de la cultura, el color de la piel, la religión y demás diferenciadores, en lugar de enseñarnos mutuamente que esas riquezas son eso, engrandecimiento de la humanidad. Lo hablo en primera persona del plural porque no me afecta solamente a mí, sino a todos.
Han pasado 100 años desde el detonante de la otrora llamada Gran Guerra y las circunstancias y consecuencias que ella generó, poco han cambiado. Seguimos siendo víctimas de la intolerancia y repetidores de la historia. Tampoco queremos ser los victimarios de nuestra propia especie, pero nos ha llegado el momento de enfrentar esa tarea que hemos dejado pendiente sobre la mesa, esa tarea, esa responsabilidad de hacer lo que a cada uno de nosotros corresponde. Libramos batallas internas diariamente, enfrascados en una burbuja virtual, dándonos la sensación de estar unidos, de ayudarnos, de colaborar, de participar, en fin, de sentirnos útiles.
Entonces es el momento preciso de levantar la mirada, incorporarnos y enfrentar esa realidad que a cada minuto se va diluyendo y se consumirá por completo si nos comportamos con total indiferencia ante cualquier cosa que nos dañe y no deseemos saber.
Está en la humanidad rescatar su significado.
domingo, 8 de noviembre de 2015
Ventana empañada
Toma mi mano y
crucemos el camino.
Sin miedo a tropezar,
que la inercia de la velocidad
nos empuje a hacer eso que nos detiene.
Los mismos miedos que no nos dejan
acelerar el proceso.
Sigamos haciendo más delgada aún
la línea del miedo que nos separa,
que nos aleja de cumplir el deseo embriagador
de fundir nuestros cuerpos
y cumplir el mutuo recorrido
con la intención de sentirnos en una sola materia,
una única sensación.
Y esa misma ventana que nos aísla de la tempestad,
no perturbe nuestra libertad de poder respirar el mismo aire.
El mismo aliento.
Nos aislamos el uno del otro,
tan cercanos.
Muerdo tu boca una y otra vez
en un desvarío lamentable,
porque corre el rumor y el riesgo
de nos volvernos a encontrar,
sed y ansias y
el temor y el deseo recurrentes
que se presentan en cada oportunidad,
con cada mirada, cruzar miradas
y el valor que se ausenta
de manera inesperada y
de pronto,
una señal,
que sin articular palabra alguna
nos sujetamos lenta y
apasionadamente
vayan cayendo los miedos
por la vertiginosa rendija
de la ansiedad acumulada
en la ventana empañada.
crucemos el camino.
Sin miedo a tropezar,
que la inercia de la velocidad
nos empuje a hacer eso que nos detiene.
Los mismos miedos que no nos dejan
acelerar el proceso.
Sigamos haciendo más delgada aún
la línea del miedo que nos separa,
que nos aleja de cumplir el deseo embriagador
de fundir nuestros cuerpos
y cumplir el mutuo recorrido
con la intención de sentirnos en una sola materia,
una única sensación.
Y esa misma ventana que nos aísla de la tempestad,
no perturbe nuestra libertad de poder respirar el mismo aire.
El mismo aliento.
Nos aislamos el uno del otro,
tan cercanos.
Muerdo tu boca una y otra vez
en un desvarío lamentable,
porque corre el rumor y el riesgo
de nos volvernos a encontrar,
sed y ansias y
el temor y el deseo recurrentes
que se presentan en cada oportunidad,
con cada mirada, cruzar miradas
y el valor que se ausenta
de manera inesperada y
de pronto,
una señal,
que sin articular palabra alguna
nos sujetamos lenta y
apasionadamente
vayan cayendo los miedos
por la vertiginosa rendija
de la ansiedad acumulada
en la ventana empañada.
miércoles, 4 de noviembre de 2015
líneas y viento
Olor a rezago y premura
sonidos de hastío y ternura
sed de delirio y sosiego
hambre de cuerpo y deseo,
corriendo tropiezo
mejor... camino lento,
porque volar no puedo
y soñarte anhelo.
Aroma de caricias derretidas,
sabor a frutos consumidos.
Atraviesan mis dedos tu geografía,
tu anatomía.
Enredándome en tu cabello
y redescubriendo galaxias en tu mirada,
exhalando el cansancio satisfecho
y vuelve el aroma y las miradas y el encuentro se presenta,
de nuevo...
...huele a ti
y se desvanece tu aroma en el viento,
quema y así se convierte
en cenizas tu tiempo.
Vas y vuelves,
te detienes y
ya no hay tinta en el tintero.
Giras y te elevas,
aterrizas y me llevas,
te leo
a través de estas líneas,
musicalizando el ritmo
de mi corazón,
aunque a veces
la armonía se desvanece y
de nuevo
huele a ti.
sonidos de hastío y ternura
sed de delirio y sosiego
hambre de cuerpo y deseo,
corriendo tropiezo
mejor... camino lento,
porque volar no puedo
y soñarte anhelo.
Aroma de caricias derretidas,
sabor a frutos consumidos.
Atraviesan mis dedos tu geografía,
tu anatomía.
Enredándome en tu cabello
y redescubriendo galaxias en tu mirada,
exhalando el cansancio satisfecho
y vuelve el aroma y las miradas y el encuentro se presenta,
de nuevo...
...huele a ti
y se desvanece tu aroma en el viento,
quema y así se convierte
en cenizas tu tiempo.
Vas y vuelves,
te detienes y
ya no hay tinta en el tintero.
Giras y te elevas,
aterrizas y me llevas,
te leo
a través de estas líneas,
musicalizando el ritmo
de mi corazón,
aunque a veces
la armonía se desvanece y
de nuevo
huele a ti.
domingo, 25 de octubre de 2015
Espera
Los persistentes destellos de lucidez que se borran de repente cuando llega el momento. Ya habían pasado setenta y dos días desde aquel momento único -repetitivo e intermitente en su mente- cuando la vio por primera vez y fue tal su reacción que tuvo que inventarse una excusa para poder verla de nuevo "por accidente". Era imposible para él, dejar de verla, irremediablemente no podía disimular la atención que le robaba Aurora; una mujer que le quitaba el aliento y la voluntad, con el mundo y los pretendientes al acecho. De una belleza exuberante, sin artilugios ni excesos, simplemente auténtica. Sabía que tenía miedo de hablarle, de cruzar miradas, siquiera de acercarse. Ensayando una y otra vez la manera de romper ese maldito hielo que lo separaba de lo que, para él, era la felicidad o por lo menos, un acercamiento hacia ello. Únicamente alcanzaba a pensar en ella, él y ella, ella y él, nosotros, todos... de repente, lo embargaba un sentimiento de frustración y no sabía qué hacer con eso que lo entristecía de manera tan amarga. Y ...si me habla, ¿qué le digo? -Se preguntaba. Se dedicó a divagar en los posibles escenarios a los cuales se podría enfrentar. Viéndola cruzar la calle a través de un espacio casi invisible a los peatones y perfectamente ubicado en el momento preciso para verla pasar con todo su esplendor o encontrarla en el parque o buscarla al pasar por su casa. -No sabía- ¿Qué me pasa? -Se preguntaba otra y otra y otra vez con una voz casi inaudible. ¡Qué tal! Soy Fausto, vives cerca de mi casa, eres nueva en la colonia, ¿verdad? Por fin, lograba articular palabras con sentido. Era una presentación... sin público por suerte, pensó. ¡Ahora sí tengo que armarme de valor!...y divagó de nuevo y se cuestionó: "armarme de valor? ¡¿Qué estupidez es esa?!, ¡ni que fuera un puto lego! -Exclamó. Es hora de enfrentarse a la realidad. No tengo amigos a quienes valga la pena contarles o pedirles ayuda, creo que hasta yo soy el más adelantado de esos. En fin, no pierdo nada. Además, no sé si sabe besar o si besa bien...¿me querrá besar? Igual, haría como que sé y ya. Pero primero, encontrar la excusa perfecta... Y al final de tanta espera obligada por él y nadie más que él, daba un paso tras otro con una seguridad nunca antes vista en él y la encaró, la vio a los ojos tan delicadamente adorables, de una jovialidad sin límite y un color tan diferente a los tantos que ha visto en tantas fotografías de revistas, pero con su encanto intacto y una boquita que le daban ganas de arrebatarle un beso y plantárselo en el alma y aunque era paciente y tímido le preguntó su nombre. A lo cual, ella respondió: Aurora y de repente fue llamada por su padre, supuso. -Me tengo que ir, indicó. Pero, ¿puedo ver otro día? -preguntó Fausto- No creo, nos iremos mañana del país. Ya no volveremos. Solo fue una visita relámpago para dejar todo arreglado para mudarnos. Nunca la volvería a ver tras ese encuentro mágico e irreal, tan esperado se grababa y repetía constantemente en su memoria. Recordó una última vez, verla alejarse hacia su casa, cuando volvió a hablarle. ¡Fausto! ¿Sí? -contestó esperando que se arrepintiera de viajar. -Te había visto hace dos meses pensé que me hablarías. Le dijo ella tristemente. Tal vez te vuelva a ver... y conocer. Tanto tiempo que pasó por su mente, setenta y dos días para hablarle y toda una vida recordándola. |
domingo, 18 de octubre de 2015
¿El final de la "Ottopía"?
Trasciende en las noticias sobre el combate a la corrupción en Guatemala, que se ha llevado a cabo durante el 2015. Pues bien, el término "ottopía" se me ocurrió hace tiempo atrás. Sí, haciendo un contraste, si es que cabe, también con el término utopía. Es, asimismo, un juego de palabras de las que pretendo hacer alusión.
Entendiendo que el término utopía proviene del griego ouk, que significa No y topos, cuya traducción sería: no hay lugar o imposible. Bien, durante el siglo XVI, Tomás Moro llegó a escribir un libro acerca de ese lugar, esa nación imposible.
Entendiendo que el término utopía proviene del griego ouk, que significa No y topos, cuya traducción sería: no hay lugar o imposible. Bien, durante el siglo XVI, Tomás Moro llegó a escribir un libro acerca de ese lugar, esa nación imposible.
Pues, Ottopía viene siendo el lugar imposible de Otto, aludiendo al otrora presidente de la "República". Y la pregunta trascendental, de las tantas que pululan, es: ¿es éste el final de la era Ottópica? Atravesando un proceso legal en su contra, siendo inocente hasta demostrar lo contrario, se desvelan redes, implicaciones, llamadas, correos electrónicos que, de una manera u otra, lo incriminan. Si sabremos la verdad... nadie tiene la certeza.
Lo cierto es el deterioro institucional que si bien no fue producido inicialmente por los "Ottopianos", nadie de su equipo hizo nada para contrarrestarlo, es más, lo fueron hundiendo cada vez más. Lo más lamentables es, que tras manifestaciones periódicas de repudio hacia el gobierno Ottópico, éste, a mi parecer, solo ha relevado momentáneamente su poder.
Según el libro de Tomás Moro, dicho lugar es una joya de la cual todas las civilizaciones deben aprender y más importante, tomar ejemplo de ello. Lo peor de estas ideas acerca de un sistema como el descrito en dicho libro, fue tomado, dirigido, actualizado y tomado como una base, una biblia para quienes después hicieran del comunismo y socialismo su caballito de batalla; teniendo entre sus famosos jinetes a Marx y a Engels. Ya sabemos que de cualquier manera, este sistema no sirve en lo absoluto y únicamente da el poder a sus fundadores o "líderes" y dejando en la miseria a todo aquel que se encuentre por debajo de su dominio.
Quien dio la idea absurda de un lugar tan lleno de inconsistencias fue alguien llamado Hytlodeo, fue quien metió esa semillita al narrador de esa historia; pues, considero y acuño el nombre de los asesores de dicho movimiento Ottópico, a saber: Idioteo(s), sólo como un recurso válido para establecer que tanta estupidez no viene en una cabeza tan vacía.
El punto de convergencia entre los dos términos vino a ocupar un espacio entre mis pensamientos, no sin antes analizar cada uno por separado. A considerar, Ottopía, vino a desmitificar la idea errónea del superpoder de los gobernantes con respecto al pueblo. Sólo vimos a una parvada de buitres hambrientos de poder, de lujo y comodidad a costa de la población en general.
Pero, ¿Será suficiente?
¿Será suficiente el escarmiento hacia los poderes "ocultos" que se dejaron ver por su propia idiotez y avaricia?
Como última intervención a este tema, quiero comentar sobre algo que los guatemaltecos pensamos hace cuatro años: dar el beneficio de la duda. Dimos dicho beneficio el primer año, el segundo, el tercero, dando siempre nuevas oportunidades y excusándonos de considerar siquiera que fue por dar esa clase de beneficios cada vez, que nos han seguido dando "atol con el dedo"; creyendo que dicho relajo y desorden pudieran tener alguna explicación lógica. La segunda Ley de la Termodinámica explica que mide el grado de desorden de un sistema y afirma que nunca decrece con el tiempo y que hay "orden en el desorden", éste es conocido como "Entropía", que nada tiene que ver con algún sistema político, sino de energía.
Lo único rescatable de todo éste desorden, es la oportunidad de hacer las cosas de manera que podamos fiscalizar, cada uno su propia vida y tener la vista en las autoridades, que de divino no tienen nada y se les debe pedir cuentas, no cuando salgan de su ejercicio del poder, sino a cada momento.
¿Repetiremos la historia?
domingo, 4 de octubre de 2015
¿Miedo a qué?
Irremediablemente todos nos enfrentamos a situaciones y decisiones que de un momento a otro serán los recuerdos que tendremos, de lo que nos arrepentiremos o de lo que de un momento a otro nos satisfará el recordarlo una y otra vez.
Los miedos, tanto al fracaso como al éxito nos comprometen a hacer las cosas, eso, simplemente hacerlo. No por pretender mostrarle a los demás de lo que cada uno es capaz de hacer, de lo que somos capaces de intentarlo, sino de hacerlo por nosotros mismos. Respirar, respirar, respirar. Condenados -¿eternamente?- a hacerlo cada momento de nuestras vidas.
Cada segundo estamos al borde de la muerte. Cada minuto estamos tratando de estar más cerca de la orilla y no dejar que la marea nos lleve consigo. Tal y como se lo comentaba a alguien, lo que se necesita para morir es estar vivo, -tiempo después me di cuenta que Jorge Luis Borges lo había dicho de una mejor manera- "Para morir no se precisa más que estar vivo".
Estoy seguro que todo lo que hagamos repercute de una manera exponencialmente significativa en la vida de otros, ya sea de una manera positiva o negativa. Cada uno de nosotros se compromete con algo, con alguien, con nadie, con nada, pero siempre con un "con".
Hay ciertas cosas que me alivian, me muestran que volvemos a ser seres humanos, aunque sea por un único instante. Sí, hay situaciones, días, meses, personas, noticias, anhelos, sueños, pesadillas y más que repetidamente nos seguirán toda la vida y es nuestra única decisión dejar que nos acompañen sólo aquellas cosas que queremos que nos ayuden durante éste efímero paso a través de lo estático de una célula antes de crearse, los sueños infantiles, frustraciones por esos sueños incumplidos o inalcanzables, las emociones que se generan al ver a esa persona, las tristezas, los logros, la pérdida y muchas otras cosas que parecen mucho más, lo son. Todo lo que pudimos ser, es un hubiera que no debería existir. Nos debería ayudar a encauzar todo eso que tenemos acumulado, que nos hace un nudo en la garganta y explotarlo, irradiarlo y hacerlo real.
Al momento de escribir estas líneas, me he detenido a recordar muchísimas cosas, anhelos y compromisos adquiridos, eliminados o rechazados, ¡ja! me río y me pregunto: ¡¿Cómo diablos lo haré?! es decir, todo lo que quiero hacer.
Sólo me ha enseñado algo, el hecho irrefutable de rechazar lo malo que me rodee, no huir de ello, sino pelear por hacer bien las cosas, claro que cuesta, me cuesta y costará. Si no les gusta cómo uno habla, que no te hablen, por eso no te morirás. Si te caen mal y les caes mal, ¡bien! por no menos dejamos la hipocresía tirada.
Tengo poco tiempo, trato de estar en calma. Por cada decisión que tomé, que me revela al borde en el cual estoy, pero no tengo miedo o por lo menos, no quiero demostrarlo y mucho menos a nadie a quien no le importe. Así que siga la cuenta regresiva.
Los miedos, tanto al fracaso como al éxito nos comprometen a hacer las cosas, eso, simplemente hacerlo. No por pretender mostrarle a los demás de lo que cada uno es capaz de hacer, de lo que somos capaces de intentarlo, sino de hacerlo por nosotros mismos. Respirar, respirar, respirar. Condenados -¿eternamente?- a hacerlo cada momento de nuestras vidas.
Cada segundo estamos al borde de la muerte. Cada minuto estamos tratando de estar más cerca de la orilla y no dejar que la marea nos lleve consigo. Tal y como se lo comentaba a alguien, lo que se necesita para morir es estar vivo, -tiempo después me di cuenta que Jorge Luis Borges lo había dicho de una mejor manera- "Para morir no se precisa más que estar vivo".
Estoy seguro que todo lo que hagamos repercute de una manera exponencialmente significativa en la vida de otros, ya sea de una manera positiva o negativa. Cada uno de nosotros se compromete con algo, con alguien, con nadie, con nada, pero siempre con un "con".
Hay ciertas cosas que me alivian, me muestran que volvemos a ser seres humanos, aunque sea por un único instante. Sí, hay situaciones, días, meses, personas, noticias, anhelos, sueños, pesadillas y más que repetidamente nos seguirán toda la vida y es nuestra única decisión dejar que nos acompañen sólo aquellas cosas que queremos que nos ayuden durante éste efímero paso a través de lo estático de una célula antes de crearse, los sueños infantiles, frustraciones por esos sueños incumplidos o inalcanzables, las emociones que se generan al ver a esa persona, las tristezas, los logros, la pérdida y muchas otras cosas que parecen mucho más, lo son. Todo lo que pudimos ser, es un hubiera que no debería existir. Nos debería ayudar a encauzar todo eso que tenemos acumulado, que nos hace un nudo en la garganta y explotarlo, irradiarlo y hacerlo real.
Al momento de escribir estas líneas, me he detenido a recordar muchísimas cosas, anhelos y compromisos adquiridos, eliminados o rechazados, ¡ja! me río y me pregunto: ¡¿Cómo diablos lo haré?! es decir, todo lo que quiero hacer.
Sólo me ha enseñado algo, el hecho irrefutable de rechazar lo malo que me rodee, no huir de ello, sino pelear por hacer bien las cosas, claro que cuesta, me cuesta y costará. Si no les gusta cómo uno habla, que no te hablen, por eso no te morirás. Si te caen mal y les caes mal, ¡bien! por no menos dejamos la hipocresía tirada.
Tengo poco tiempo, trato de estar en calma. Por cada decisión que tomé, que me revela al borde en el cual estoy, pero no tengo miedo o por lo menos, no quiero demostrarlo y mucho menos a nadie a quien no le importe. Así que siga la cuenta regresiva.
domingo, 20 de septiembre de 2015
Insomnio
La noche viene cargada de muchísima energía que se acumuló durante el día. Es extraño, pero es lo que puede suceder(nos). Energía exacerbada que ya quisiéramos tener durante el día. ¿Podría controlar todo esto?
Deambulando y manteniendo la "cordura" durante las soleadas horas tropicales. Casi nadie sabe quienes andamos por la vida, teniendo una alterna. Realidades al final.
Dejo un momento para mí. Y reflexionar y no esconderme de mí mismo. La noche, créeme, es fría, pero tibia de pensamientos, deseos y soluciones. El cuerpo está tan ocupado de sus asuntos, que dejo que trabaje por su cuenta...como siempre. Yo tengo más por resolver. Ansiedad, ¡No lo sé!
Pero es una tarea que se debe hacer. Se necesita y el cuerpo se alivia de la carga del día. Es ese dolor en la espalda que carcome minutos y horas de sueño(s).
Considero que la mente en sí, quiere que aproveche el tiempo que se nos escapa del día o de otros días, que no podremos recuperar, es cierto, sin embargo mantener el ritmo de lo que nos pasa, no es difícil, únicamente quita tiempo.
Profundo sueño suena a bucear. Tampoco quiero vivir en estado de inconsciencia diurna. Creo que deberíamos replantearnos el significado de descanso.
Pensamientos van y vienen.
¡Lástima! Otra idea que sólo vino a tocarme el hombro y no me dio tiempo siquiera de verle detenidamente o tomar nota.
Seguiré capturando ideas, ideas locas, exageradas, dependiendo del ángulo que las vea. Buscaré mi "atrapaideas" aunque no sirvan, pero que me dejen satisfecho con dejarme tranquilo y pasar a la realidad de Morpheo y caminar hacia la de los zombies que caminan sin sentido, con rumbo, pero sin horizonte. A la próxima que vean a alguno de esos muertos vivientes, díganles que está bastante silente por ahora y tal vez piensen en hacer sus tareas pendientes de la vida.
¿Tinieblas y silencio?
Lo que estaba buscando.
A quien buscaba.
¿A quién busco?
Por tanto tiempo esperando algo nuevo.
Buenos tiempos compartiendo distancias, aliento y enfado.
La rabia desatada de cada mes y los coqueteos donde quiera que tu mente estaba.
Lo mejor que podría pasar es que pueda pasar. Porque puedo y quiero encender el humor atrapado entre tus oídos. El calor de sol no podría compararse a la pasión desatada de las circunstancias.
Bajando por la colina, estamos condenados a caer tan fuerte como queramos. Ambos traspasamos la barrera del momento. Recorriendo caminos maravillosos plegados y húmedos como llovizna o rocío, muerte o desvarío.
No tengo mucho que decir a mi favor, sino para mi placer.
Déjalo caer. Tiernos y tibios deseos unidos a lo largo del río y
presenciándolo y dejando ser al secreto que la lluvia bañe.
Cuando ocurra, haremos una fogata quemándonos con el aliento voraz.
Dependiendo de la inercia sublime del tiempo encapsulado en nuestros labios.
Entre tinieblas y silencio.
Susurros del viento.
Y hojarasca invisible en la oscuridad y ruidosa al paso de nuestros pasos.
Demasiado que quiero decir. Tanto que quiero callar.
Orgullo o vanidad, ¡qué más da!
Solamente cuerpos mordidos por la ansiedad.
Sabes lo que quiero decir y lo que quiero silenciar.
Estoy perdiéndome en otras mentes. Hablando conmigo.
Gastando saliva, aire y pensamientos.
¿Debería resistir? Cómo hago para no pensar en preguntas absurdas que solamente dañan y no me dejan hacer lo que quiero hacer y desear lo que quiero hacer y hacer lo que deseo.
Aprendo a vivir con ese fuego, que por supuesto, quema, pero también cura, renueva. Así que dejo que mi cuerpo se consuma, explote-mos- combustión espontánea.
Muerte constante
La intermitencia repentina, momentánea,
ese instante inconsistente entre cada bocanada de aire que tomamos;
es la muerte pausada que se resigna a matarnos de repente y prefiere mantener la tentativa constante, seguir tomándonos por el cuello.
Tantas alteraciones en la rutina que debería o quisiera hacer justo ahora;
alteraciones a la costumbre que me consume poco a poco, día a día, minuto a minuto.
Trato, troto, me detengo y solicito una prórroga. Otro día, un día, más días.
¡¿Para qué?! Y precisamente ésa es la respuesta a todo o por lo menos,
el inicio de algo ¿bueno?, no sé, lo intento.
Paredes que siempre acorralan.
Muros impenetrables.
Ventanas -a i s l a n t e s-
Tal vez haya un dejo de desesperación en todo esto.
Una mínima causa de ella es la que nos empuja a a atrevernos a más o a menos.
Detenerme a hacer, a pensar, a vivir, a desear.
Es lo de siempre, Es inútil tratar de conservar el tiempo.
Se esfuma y nos atraviesa siempre o tal vez, lo menos pensado...nunca lo hemos tenido.
Creo que el tiempo sí existe. Espero que exista.
Más vale que no sea producto de mi imaginación.
Viene como el beso fugaz que esperas retener todo el tiempo que duren esos tres segundos.
Esa saliva que traspasa hasta el tuétano, que duele,
marchita, pero que renueva, renueva el tiempo y lo expande, lo transporta, me transporta.
Tengo depósitos llenos de tiempecitos recolectados durante toda la vida.
La verdad, no los quiero mezclar, explotarían en mil pedazos o más.
Tiempo volátil. Tiempo fútil y recuerdos fortuitos.
Recuerdos que se están agotando de tanto uso.
¿agotamiento o aburrimiento? no de tiempo, sino de momentos,
de recuerdos y de historias pendientes de crearse, necesidad de crearse, de crearlos.
Tiempo diminuto y explosivo.
Suicida y a la vez esperanzador.
Reminiscencias de la piel, sudor y aliento.
Ansioso por pedir, pedir más...desear más, atraer tiempo/pasión.
domingo, 13 de septiembre de 2015
Reencuentro
Seño Junia
El 20 de febrero de 2015, no quise que acabase el día sin antes contar lo ocurrido por la tarde; ya luego de volver por un instante al lugar que me vio crecer y recordar, no los momentos, sino la vida que siguió su rumbo en otros lugares no tan lejanos.
Tuve un dejo de nostalgia, pero no de tristeza, más bien de aquel recuerdo que nos viene de golpe, aunque acariciándome la memoria. Todo esto surgió luego de recorrer las calles en donde solía ser mi camino hacia mi centro de estudio, siendo adolescente.
Al momento de entrar en un local de un centro comercial -inexistente por aquellos días- me encontré con la que fuera y es la Directora de mis estudios de primaria; tenaz, exigente, comprensiva, enérgica, consistente, luchadora, de un carácter fuerte, toda una institución. Han pasado casi 20 años desde la última vez que estuve bajo su dirección, la cual agradezco; siendo ella artífice de la educación de muchas generaciones, que me alegró y me puso a pensar: "¡Cómo ha pasado el tiempo!" y la señora se ve como el día que salí de su institución.
Reminiscencias... nostalgia, alegría y ¿Por qué no? tristeza, no por querer regresar a ese tiempo, sino porque me apena saber que pocas generaciones tendrán el honor o el privilegio de tener docentes de esa talla y la dirección que ejerció desde que la conocí. Me queda entre tantas otras cosas, el privilegio de ser recordado por quien soy, por quien fui y por las palabras tan alentadoras que hoy recibí de ella, en una charla de cinco minutos. Gracias "Seño Junia"
¿Qué pasa con la felicidad?
Mucho ha ocurrido últimamente en todo el mundo, bueno, eso pasa todo el tiempo...aunque todo -ahora- me resulta más interesante que antes, por no decir sorprendente. Durante el día, me atrevo a decir que usamos, ¿o gastamos? el tiempo en buscar cómo fue que sucedieron las cosas que nos pasan, en lugar de aprender de ellas o por lo menos, pensar en la solución, creo que fue Einstein quien dijo algo parecido; que usamos el 90 % del tiempo en buscar el problema y la solución le dejamos un mísero restante 10 %, parafraseando, claro está.
Todos los seres humanos estamos en la ¿eterna? búsqueda hacia lo que consideramos nuestra felicidad, pero regresando unas líneas, ¿buscamos la felicidad o estamos disfrutando de ella? - Seguimos en el problema o buscamos solucionarlo -
Aquí entramos en un campo minado, algo inexplorado o por lo menos agreste, se trata de la situación "minutaria" de cada uno de nosotros. Sí, libramos batallas diarias, por hora e incluso minutos y todo eso, sumado a ello, la incontenible continuidad del tiempo que hacemos o que nos hace.
El ser humano en sí, es fascinante, desde cualquier punto de vista, es como una galaxia lejana. Y cuando hablo de campo minado, hablo precisamente de eso, minas. Seres humanos conscientes o no de lo que hacen, pero que cada acción que toman o dejan de hacer, afecta de cualquier forma su alrededor y no digamos de su propio interior. Explosiones, implosiones y repercusiones en el minuto a minuto de cada uno.
Qué nos afecta, qué nos perjudica, qué nos alivia, qué nos sana, son tantas cosas que buscamos o que se nos atraviesan como jeringas dentro de la piel, pero únicamente nosotros somos quienes tenemos todo el derecho de dejar entrar o no, pensamientos, acciones, sentimiento o personas, cualquier cosa.
Lo casi absolutamente irremediable en la vida de la persona son las decisiones que se tienen que tomar. Aquí nos encontramos ante la disyuntiva entre el bien y el mal, lo bonito y lo feo, lo sucio y lo limpio, lo políticamente correcto y su contrario, la paz y la violencia, el sexo y la castidad. De cuanto tiempo disponemos, pues, dependerá del que queramos darle, entregarle, regalarle. Sí, suena extraño, pero somos vehículos cargados de sentimientos, pensamientos, sueños y deseos y de nosotros dependerá el quedarnos durmiendo o despertar y levantarnos para seguir buscando nuestra felicidad y no esperar que nos caiga por el puro efecto de la gravedad.
Todos los seres humanos estamos en la ¿eterna? búsqueda hacia lo que consideramos nuestra felicidad, pero regresando unas líneas, ¿buscamos la felicidad o estamos disfrutando de ella? - Seguimos en el problema o buscamos solucionarlo -
Aquí entramos en un campo minado, algo inexplorado o por lo menos agreste, se trata de la situación "minutaria" de cada uno de nosotros. Sí, libramos batallas diarias, por hora e incluso minutos y todo eso, sumado a ello, la incontenible continuidad del tiempo que hacemos o que nos hace.
El ser humano en sí, es fascinante, desde cualquier punto de vista, es como una galaxia lejana. Y cuando hablo de campo minado, hablo precisamente de eso, minas. Seres humanos conscientes o no de lo que hacen, pero que cada acción que toman o dejan de hacer, afecta de cualquier forma su alrededor y no digamos de su propio interior. Explosiones, implosiones y repercusiones en el minuto a minuto de cada uno.
Qué nos afecta, qué nos perjudica, qué nos alivia, qué nos sana, son tantas cosas que buscamos o que se nos atraviesan como jeringas dentro de la piel, pero únicamente nosotros somos quienes tenemos todo el derecho de dejar entrar o no, pensamientos, acciones, sentimiento o personas, cualquier cosa.
Lo casi absolutamente irremediable en la vida de la persona son las decisiones que se tienen que tomar. Aquí nos encontramos ante la disyuntiva entre el bien y el mal, lo bonito y lo feo, lo sucio y lo limpio, lo políticamente correcto y su contrario, la paz y la violencia, el sexo y la castidad. De cuanto tiempo disponemos, pues, dependerá del que queramos darle, entregarle, regalarle. Sí, suena extraño, pero somos vehículos cargados de sentimientos, pensamientos, sueños y deseos y de nosotros dependerá el quedarnos durmiendo o despertar y levantarnos para seguir buscando nuestra felicidad y no esperar que nos caiga por el puro efecto de la gravedad.
domingo, 6 de septiembre de 2015
El paso del tiempo parte 1 experimento propio, porque hay momentos en los que no hay con quién hablar
El paso del tiempo
Comienza un 7 de septiembre de 2015, luego de una jornada intensa que aún no termina en el país. Se hace historia, tratando de recuperar un país y luchar día a día en contra de la corrupción, bueno, yo hablo de mí mismo. Pero trato de hablar del paso del tiempo, que como se ha dicho, es uno de los "mejores" inventos del ser humano.
El ser humano lo inventa con el vano propósito de controlarlo, pero como todo mal chiste o como toda buena ironía, el tiempo terminó por conquistarlo y controlar al pobre inventor ¿fracasado?
Hemos sentido el pasar del mismo durante segundos, minutos, horas, días, años, lustros, décadas y ¡plaf! nos cae el balde de agua fría sobre nuestra congelada memoria y que remueve la nostalgia, la tragedia y la alegría.
No sé, es como tratar de entender cómo respirar, pero lo seguimos haciendo, inconscientemente y es imposible no querer recordar, no querer volver a amar ese momento de nuevo, recordar eso que quieres retener por un poco más, pero ¿quién osaría rehusar a tan apetecible oferta? - Es irreal, es cierto, pero todos lo han pensado, aunque sea una sola vez.
Nací y crecí durante la década de 1980, específicamente a partir de su mitad, pero la memoria no me falla o por lo menos, eso creo. Aún recuerdo esos días cuando la calle de la "casa" en la cual vivíamos con mis hermanos y papás. -casa es un término demasiado grande; lo cierto es que fue un cuarto y luego dos- no estaba asfaltada, adoquinada o por lo menos aplanada y cuando la época lluviosa se hacía presente en ésta región, ¡vaya! ¡Grandes charcos que se hacían!
-¡Varito andá a comprar pan!- era esa frase que se repetía constantemente luego que la lluvia descansaba de crear charcos. Y no era en vano la petición, la lluvia atraía a todas las personas cercanas a la panadería...les daba placer el hecho de comer ese pan recién salido del horno -a veces- y sopearlo en el café, que muchas veces era hervido y luego instantáneo. ¡Ah! y las caricaturas ochenteras que pasaban al final de la tarde, eso, cuando teníamos tele. Jaja y rayando y pasándonos a los noventas, que aunque no tuve tantas comodidades, me di cuenta que no tenía dinero hasta que la pubertad me alcanzó. Pero esas memorias las dejaré por aquí, cuando mi mente las deje libres.
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