viernes, 17 de junio de 2016

Ese día del padre

Observo desde lejos, me aproximo con sumo cuidado. Repentinas hordas de niños uniformados, salen de sus establecimientos con tarjetas en sus pequeñas manos. Ilustraciones varoniles, rudas, toscas, "manufacturados por ellos" para la figura paterna que representa.

Sigo observando y las calles siguen congestionadas de automóviles con personas apresuradas para llegar a sus respectivos destinos.

Cada vez se hace más oscuro el día y la alegría de los niños se apaga con el sueño que trae la noche. Ellos reciben sus obsequios elaborados o no, con cariño o sin él, a veces sin destinatario, a veces sin receptor.

Obligados a recordar cada año en este mes, ombligo del año a ese ser desmesuradamente olvidado para algunos, para otros es La Fecha y para otros tantos, desconocido. Se nota, se nota la alegría genuina, honesta y que vale, sin necesidad de celebrarse, sin necesidad de decirlo ni recordarlo.

No es por el reconocimiento, el celebrarlo o la algarabía del día, sino por el cariño que no se pide...el que se da. Pero sigo observando campante la imagen que envejece, que el tiempo arrastra y no olvida, esperando cruzar al otro lado del camino y ser el destinatario algún día.

Feliz día a todos los padres que en realidad lo son. También a los tíos, abuelos y demás papás posibles.

miércoles, 15 de junio de 2016

Soliloquio

En algún momento del 15 de junio de 2013

Extraños momentos de la situación humana:
el intrincado laberinto de la soledad,
el tedio y el aburrimiento
y esa extraña sensación inefable de que al contrario,
se obtendría el mismo resultado inocuo pero que a la vez crea la sensación de necesidad de llegar al punto de detenerse y empezar desde cero,
para no caer de nueva cuenta en la inicuidad del ocio.

jueves, 9 de junio de 2016

Resquebrajas con el tiempo

Calles
resquebrajadas, bañadas y hundidas por por el clima, por tu tiempo, por su propio tiempo.

Testigos silentes de nuestros amores, odios y desvaríos;
Torpezas, aciertos y tropiezos.
Llantos, lamentos y tormentos.
Tormentas, charcos y amotinamientos.

Aspiradoras de nostalgias, humo, hollín y encuentros.
Travesías sin fortuna, tiempo perdido, tiempo muerto, tiempos perfectos, trágicos desencuentros.
Tiempo implacable que maltrata con cualquier portento.
Caminamos con rumbo, sin rumbo en todo momento.
Nos levantamos, nos dormimos y salimos a su encuentro.
Ignorando las circunstancias, su nacimiento y su estrepitoso final.

Subestimamos su existencia, tan presurosos día tras día, no nos percatamos, no nos damos a la tarea de levantar la mirada hacia el horizonte y asentar los pies en el suelo.
Repetitivas, monótonas, planas, curvas, desgastadas, estando, cambiando y  viviendo.
Las calles, esas perennes espectadoras del éxito y del fracaso y esperando que mañana nos vea, cuando el alba mitigue al ocaso.

martes, 7 de junio de 2016

Ver

Veo en esos ojos paisajes distantes, tormentas sutiles que causan que se desborden gotas saladas por tus mejillas.

Tus labios articulan palabras intensas que esperan por otros labios para compartir el mismo aliento.

Esas manos que esperan tocar otras manos, otra piel, otro cuerpo. Respirar el aroma tuyo que siento cuando te tengo cerca y aún más fuerte cuando te tengo lejos.

Es abrazarte, estrechar tu cuerpo al mío, sin interrupciones, sin prisas, sin pausas, sin nada, con todo.

Sin expectadores, sin bulla, escuchar los latidos y nuestra respiración, la humedad de tu cuerpo y su exhalación.

Es eso. Ver en tus ojos, paisajes. Ver en tus ojos, pasiones, dulzura y deseos.

¿Por qué nos levantamos cada día?

¿Por qué nos levantamos cada día?
Muchos dirán que para llevar el sustento a su hogar, para pagar las deudas y otras cosas que van en la misma línea.

Me puse a pensar de manera casi incesante durante los últimas semanas. No puede ser que las respuestas ante esta interrogante sean tan banales.

Esperaría que un buen grupo de personas tuviera respuestas más trascendentales que solamente pagarle a alguien más.

Repasando y haciendo un pequeño análisis respecto a lo comentado, ¿Qué es lo primero que hacemos al iniciar el día, al levantarnos? Abrir los ojos, obviamente. Revisar si la alarma del celular no se desconfiguró y nos da unos minutos más para pensar horizontalmente.

Luego de haber averiguado si no es domingo, nos apresuramos a bañarnos, cepillados los dientes, comemos a la carrera y el café está demasiado caliente como para tomarlo en unos pocos sorbos...lo dejamos.

¿Olvidé las llaves? -No, aquí las llevo.
El teléfono, el teléfono...¡Aquí está! Y salimos de nuestras casas rumbo al trabajo y de repente... empieza una llovizna, que si nos apresuramos, llegamos sin empaparnos. Y es que aquí llueve por todos lados, menos verticalmente.

¿Y el bus? -No ha salido todavía. A esperar a que arranque y que se apure que... -¿Por qué no bajan las ventanas? Ni siquiera está lloviendo tan fuerte. Creo que se quieren ahorrar el sauna. Y no hay asientos disponibles. A pesar de todo, inicia la marcha...lenta, lenta, no y ahora ¿Por qué para?

Tras el recorrido lento del primer transporte, bajamos y hay que abordar el siguiente y aguantar los gestos, los empujones, los olores. Al final, llegamos a nuestro destino. A hacer lo que se debe hacer, pero hay que tomarse el café que casi ni probamos en casa.

Aunque eso no responde a mi pregunta inicial. En realidad sólo es una de las cosas que nos absorbe más tiempo durante el día y tratar de cambiar esa rutina, supone un enorme esfuerzo. Trabajamos, esperando un sueldo que nos ayude a mitigar nuestras carencias económicas y con ello tal vez acariciar un poco más de cerca esos sueños que hemos dejado dormir por mucho tiempo. Dormir-comer-trabajar-reír-observar-escuchar-regresar. Tal vez a estudiar en el tiempo disponible luego del trabajo; o cuidar el o los hijos; ir al cine; a algún concierto o ver televisión o navegar por internet hasta que sea hora de dormir para empezar el ciclo de nuevo.

Me preocupa demasiado lo que esté haciendo para estar cada vez más cerca de lo que quiero hacer, donde quiero estar y con quienes compartir ese sueño o éxito.

Basta con iniciar siempre hoy, solamente hoy. Es difícil, tortuoso, tedioso y otros sinónimos más, pero no haremos lo que deseamos hacer si seguimos, si sigo haciendo lo mismo.

Lo mejor será que me haga la misma pregunta cada día, hasta que tenga la respuesta correcta y que no me deje ni un sólo espacio para la duda y cambiarla.
¡¿Por qué no habría de hacerlo?!