Observo desde lejos, me aproximo con sumo cuidado. Repentinas hordas de niños uniformados, salen de sus establecimientos con tarjetas en sus pequeñas manos. Ilustraciones varoniles, rudas, toscas, "manufacturados por ellos" para la figura paterna que representa.
Sigo observando y las calles siguen congestionadas de automóviles con personas apresuradas para llegar a sus respectivos destinos.
Cada vez se hace más oscuro el día y la alegría de los niños se apaga con el sueño que trae la noche. Ellos reciben sus obsequios elaborados o no, con cariño o sin él, a veces sin destinatario, a veces sin receptor.
Obligados a recordar cada año en este mes, ombligo del año a ese ser desmesuradamente olvidado para algunos, para otros es La Fecha y para otros tantos, desconocido. Se nota, se nota la alegría genuina, honesta y que vale, sin necesidad de celebrarse, sin necesidad de decirlo ni recordarlo.
No es por el reconocimiento, el celebrarlo o la algarabía del día, sino por el cariño que no se pide...el que se da. Pero sigo observando campante la imagen que envejece, que el tiempo arrastra y no olvida, esperando cruzar al otro lado del camino y ser el destinatario algún día.
Feliz día a todos los padres que en realidad lo son. También a los tíos, abuelos y demás papás posibles.
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