Fragmentos, momentos, recuerdos y olvidos;
música, luna y sentimientos heridos.
Tenemos el pasado que ante un futuro presenta,
saludándonos con profundos besos
que poco a poco alimentan.
Con las manos unidas que por el frío se enredan
y envuelven sus lenguas en besos de tormenta.
La noche seguirá siendo fría
y las calles de ahora, pasarán al olvido.
Por momentos veo el cielo despejado de la noche
y de pronto me encuentro con una soledad insondable,
pero apacible y pura.
Caerá y seguirá cayendo la noche, sin interrupciones,
bañando las calles de melancolía etérea y luciérnagas sintéticas de luz perenne
que retrasan la caída de la tristeza, no así de la soledad.
Mientras seguimos caminando con el viento gélido de la moribunda noche,
y arrastramos nuestros cuerpos hacia el sol,
su luz y su calor nos abrasa y descongela nuestro interior.
Poco a poco vamos llenando ese vacío con fragmentos de recuerdos,
dejando bastantes buenos y unos tantos malos, por aquello que los necesitemos;
y viajamos y recordamos; olvidamos y escuchamos esa vieja tonada de guitarra.
Y la luna sigue en el mismo lugar, proyectando su luz hacia las calles desnudas y
caminos polvorientos y nocturnos, cuando su intensidad se lo permite.
Aquí estamos, callados, frente a frente, disimulando aquel pasado y cayendo de nuevo en el presente.