martes, 8 de mayo de 2018

Sueños a quetzal

La piel reseca y curtida de sus piernas hacían saber que había estado caminando durante mucho tiempo. Los surcos en su rostro denotaban cansancio y muchos años a la intemperie.

Al final de una tarde, se sentó a un costado del camino de una glorieta a ordenar la venta de dulces, gomas de mascar y otras chucherías. Sus artículos los llevaba dentro de una improvisada caja plástica para gaseosas, que lo menos que llevaba era eso.

Mientras tanto, doblaba y guardaba bolsas plásticas, arreglando su venta para seguir de nuevo con su jornada. La observé durante un tiempo, estaba cansada, tomó aire y prosiguió levantándose del lugar que la hizo reposar un instante. Sí, siguió adelante, aún faltaban varias horas para terminar su día.

Pensé en los sueños sin cumplir por sostenerse y mantener a su familia, surgiendo muchas preguntas como: ¿Dónde vive? ¿Come bien? ¿Qué hace para distraerse? ¿Tendrán sus sueños algún aliento de vida? Muchos han olvidado lo que querían ser de adultos. Muchos otros solamente repiten el ciclo que siempre vivieron, porque les enseñaron y aprendieron que esos sueños no eran para ellos. Nada más falso que eso.

Es absurdo pensar que no pueden, tomando en cuenta que los vemos todos los días, ofreciéndonos su producto. Acercándolos a la ventanilla de tu carro, queriendo limpiarte tu vidrios, haciendo maromas, arriesgando su vida entre vehículos. Se esfuerzan, mucho más que muchos de nosotros.

Gente que con una porción de su esfuerzo diario obtendrían mejores resultados en otro país, pero que al llegar allí se topan con que son delincuentes. Discriminados por sus paisanos en su país de origen, por no tener acceso siquiera a una oportunidad, discriminados cuando se van porque no pertenecen a ese lugar. Encontrando muchas veces la muerte inminente, naturalmente o a la fuerza.

Cuando abramos los ojos y nos demos cuenta que quienes están en ese cargo público porque los elegiste y ahora quieren hacer lo que nunca pudieron hacer por mediocridad, a costa de los sueños de los viajeros a la fuerza, los exiliados sin asilo, esos navegantes sin mar, sin barca y sin destino, pero con hambre, frío y una maleta de sueños postergados.

Démonos cuenta de la injusticias. Dejemos la indiferencia y exijamos. Apostemos por lo correcto.