Irremediablemente todos nos enfrentamos a situaciones y decisiones que de un momento a otro serán los recuerdos que tendremos, de lo que nos arrepentiremos o de lo que de un momento a otro nos satisfará el recordarlo una y otra vez.
Los miedos, tanto al fracaso como al éxito nos comprometen a hacer las cosas, eso, simplemente hacerlo. No por pretender mostrarle a los demás de lo que cada uno es capaz de hacer, de lo que somos capaces de intentarlo, sino de hacerlo por nosotros mismos. Respirar, respirar, respirar. Condenados -¿eternamente?- a hacerlo cada momento de nuestras vidas.
Cada segundo estamos al borde de la muerte. Cada minuto estamos tratando de estar más cerca de la orilla y no dejar que la marea nos lleve consigo. Tal y como se lo comentaba a alguien, lo que se necesita para morir es estar vivo, -tiempo después me di cuenta que Jorge Luis Borges lo había dicho de una mejor manera- "Para morir no se precisa más que estar vivo".
Estoy seguro que todo lo que hagamos repercute de una manera exponencialmente significativa en la vida de otros, ya sea de una manera positiva o negativa. Cada uno de nosotros se compromete con algo, con alguien, con nadie, con nada, pero siempre con un "con".
Hay ciertas cosas que me alivian, me muestran que volvemos a ser seres humanos, aunque sea por un único instante. Sí, hay situaciones, días, meses, personas, noticias, anhelos, sueños, pesadillas y más que repetidamente nos seguirán toda la vida y es nuestra única decisión dejar que nos acompañen sólo aquellas cosas que queremos que nos ayuden durante éste efímero paso a través de lo estático de una célula antes de crearse, los sueños infantiles, frustraciones por esos sueños incumplidos o inalcanzables, las emociones que se generan al ver a esa persona, las tristezas, los logros, la pérdida y muchas otras cosas que parecen mucho más, lo son. Todo lo que pudimos ser, es un hubiera que no debería existir. Nos debería ayudar a encauzar todo eso que tenemos acumulado, que nos hace un nudo en la garganta y explotarlo, irradiarlo y hacerlo real.
Al momento de escribir estas líneas, me he detenido a recordar muchísimas cosas, anhelos y compromisos adquiridos, eliminados o rechazados, ¡ja! me río y me pregunto: ¡¿Cómo diablos lo haré?! es decir, todo lo que quiero hacer.
Sólo me ha enseñado algo, el hecho irrefutable de rechazar lo malo que me rodee, no huir de ello, sino pelear por hacer bien las cosas, claro que cuesta, me cuesta y costará. Si no les gusta cómo uno habla, que no te hablen, por eso no te morirás. Si te caen mal y les caes mal, ¡bien! por no menos dejamos la hipocresía tirada.
Tengo poco tiempo, trato de estar en calma. Por cada decisión que tomé, que me revela al borde en el cual estoy, pero no tengo miedo o por lo menos, no quiero demostrarlo y mucho menos a nadie a quien no le importe. Así que siga la cuenta regresiva.
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