La intermitencia repentina, momentánea,
ese instante inconsistente entre cada bocanada de aire que tomamos;
es la muerte pausada que se resigna a matarnos de repente y prefiere mantener la tentativa constante, seguir tomándonos por el cuello.
Tantas alteraciones en la rutina que debería o quisiera hacer justo ahora;
alteraciones a la costumbre que me consume poco a poco, día a día, minuto a minuto.
Trato, troto, me detengo y solicito una prórroga. Otro día, un día, más días.
¡¿Para qué?! Y precisamente ésa es la respuesta a todo o por lo menos,
el inicio de algo ¿bueno?, no sé, lo intento.
Paredes que siempre acorralan.
Muros impenetrables.
Ventanas -a i s l a n t e s-
Tal vez haya un dejo de desesperación en todo esto.
Una mínima causa de ella es la que nos empuja a a atrevernos a más o a menos.
Detenerme a hacer, a pensar, a vivir, a desear.
Es lo de siempre, Es inútil tratar de conservar el tiempo.
Se esfuma y nos atraviesa siempre o tal vez, lo menos pensado...nunca lo hemos tenido.
Creo que el tiempo sí existe. Espero que exista.
Más vale que no sea producto de mi imaginación.
Viene como el beso fugaz que esperas retener todo el tiempo que duren esos tres segundos.
Esa saliva que traspasa hasta el tuétano, que duele,
marchita, pero que renueva, renueva el tiempo y lo expande, lo transporta, me transporta.
Tengo depósitos llenos de tiempecitos recolectados durante toda la vida.
La verdad, no los quiero mezclar, explotarían en mil pedazos o más.
Tiempo volátil. Tiempo fútil y recuerdos fortuitos.
Recuerdos que se están agotando de tanto uso.
¿agotamiento o aburrimiento? no de tiempo, sino de momentos,
de recuerdos y de historias pendientes de crearse, necesidad de crearse, de crearlos.
Tiempo diminuto y explosivo.
Suicida y a la vez esperanzador.
Reminiscencias de la piel, sudor y aliento.
Ansioso por pedir, pedir más...desear más, atraer tiempo/pasión.
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