domingo, 20 de septiembre de 2015

¿Tinieblas y silencio?



Lo que estaba buscando.
A quien buscaba.
¿A quién busco?

Por tanto tiempo esperando algo nuevo.

Buenos tiempos compartiendo distancias, aliento y enfado.
La rabia desatada de cada mes y los coqueteos donde quiera que tu mente estaba.

Lo mejor que podría pasar es que pueda pasar. Porque puedo y quiero encender el humor atrapado entre tus oídos. El calor de sol no podría compararse a la pasión desatada de las circunstancias.

Bajando por la colina, estamos condenados a caer tan fuerte como queramos. Ambos traspasamos la barrera del momento. Recorriendo caminos maravillosos plegados y húmedos como llovizna o rocío, muerte o desvarío.

No tengo mucho que decir a mi favor, sino para mi placer.
Déjalo caer. Tiernos y tibios deseos unidos a lo largo del río y
presenciándolo y dejando ser al secreto que la lluvia bañe.

Cuando ocurra, haremos una fogata quemándonos con el aliento voraz.
Dependiendo de la inercia sublime del tiempo encapsulado en nuestros labios.

Entre tinieblas y silencio.
Susurros del viento.
Y hojarasca invisible en la oscuridad y ruidosa al paso de nuestros pasos.
Demasiado que quiero decir. Tanto que quiero callar.
Orgullo o vanidad, ¡qué más da!
Solamente cuerpos mordidos por la ansiedad.
Sabes lo que quiero decir y lo que quiero silenciar.
Estoy perdiéndome en otras mentes. Hablando conmigo.
Gastando saliva, aire y pensamientos.
¿Debería resistir? Cómo hago para no pensar en preguntas absurdas que solamente dañan y no me dejan hacer lo que quiero hacer y desear lo que quiero hacer y hacer lo que deseo.
Aprendo a vivir con ese fuego, que por supuesto, quema, pero también cura, renueva. Así que dejo que mi cuerpo se consuma, explote-mos- combustión espontánea.

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