domingo, 29 de noviembre de 2015

Manos

Los dedos recorren los contornos de tu piel,
atravesando montes y fuentes,
las manos conocen y reconocen
a la luz de la luna
tus caminos.

Los ojos se internan,
los unos hacia los otros,
se eliminan de ellos,
mutuamente,
el color y la forma,
se buscan y encuentran
en trágico y
ciego esplendor,
encontrándose cerrados.

Los labios cuentan
los minutos, las horas, los segundos,
quieren encontrar su sabor,
de nuevo.
Caricias y amagos,
deteniendo sus movimientos
y las horas,
recortándolas con mordiscos
y pintando el cielo
con el pincel de tu lengua,
regalándonos esos coloridos atardeceres.

Las manos,
tomándose con fuerza y caricias enteras,
tratando de no perderse en el tiempo,
para no naufragar en el desconocido espacio estelar.
Apretando los cuerpos que tiritan de miedo,
del miedo a navegar a ciegas,
a tientas.

Y es solo ese momento espléndido,
donde estamos parados,
donde las manos y dedos acarician suavemente
hasta apagar sus pasos,
y se convierten en besos ahogados,
hasta ver salir el sol,
tomados de las manos.

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