Alejándome dibujo, confío o escribo,
acercándome observo, escucho y tiento.
Atravesando líneas rectas, curvas y sugerentes.
Realizo murallas de silencios incómodos y también puentes deliberadamente ruidosos.
Imagino y recreo la paciencia y me vuelve a aburrir la idea que de repente todo se repita.
Y aparece ese cansancio insistente, persistente y contraproducente.
Imaginando se puede hacer todo, se puede ser cualquiera o no ser nada o nadie. Mirando alrededor y siendo testigo de todo y a la vez de nada...de nadie.
Y las noticias... como programa de éxito o la carencia de nuevas experiencias, siguen siendo las mismas; otra temporada similar a la anterior, otros rostros, otros dineros, otros espectadores.
Todos esos lugares, amigos y amores; rincones, alcohol y tabaco o lo que queda de ellos, se va esparciendo e impregnando en la memoria y no vuelven a la memoria, no cuando quiero, sino cuando más se necesitan.
En la tarde invariable con aroma de café, esperas y luces que convergen para recrear, crear o borrar la imagen, ese dibujo inconcluso dentro de mis ojos; a la espera de esas notas, esas noches y ese olor/dolor/calor.
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