Y el alma desnuda,
por estrechos senderos,
ha permanecido silenciosa,
absorta y pasiva.
Irascible, tortura al cuerpo que la alberga;
Sin ton ni son,
el alma desnuda se rebela
ante la vida que poco a poco,
palmo a palmo,
se sosiega.
Se halla a sí misma,
entre oscuros abismos,
tras la sombra de la sombra
de la sombra,
infinitamente moribunda al finalizar
la estrellada nocturnidad.
Se halla a sí misma,
desnuda, frágil y temerosa;
a la vez ágil, fuerte y valiente,
ante la realidad que le atisba.
Luz, luces, sol y encuentros,
y las mañanas, y las noches
que atesoran sus adentros;
Muchas lunas y muchos soles.
Y se presenta el alma,
desnuda y solitaria,
absolutamente abierta,
absolutamente sola.
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