Enseñándome a quererte
me perdí por vastos caminos oscuros
Teniendo que esquivar las flechas de Cupido
Que por tus designios
Fue concedido
No tenerte
Amargado en la triste derrota
Sin haber usado un arma
Tampoco el desvarío
Ni una flecha, solo una espada
Que atacó mi alma
Dejándola rota.
Pues, aquí estoy
Con la cara al viento y un
sentimiento profundo de soledad
Soportando la lluvia inminente de tu indiferencia
Perforada por el arrepentimiento
póstumo de la culpa
Culpa por no haber hecho y
Por haber hecho también, sí,
culpabilidad
Sin saber que el amor
no es costumbre ni permanencia
Sólo la aceptación del amor
No te miento y no te mentiré,
Ahora me voy
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