Sentado a la mesa en aquel viejo lugar
Atravesaban las luces, tenues luces del bar
El vaso de cristal
donde todo terminaba, la luz, la noche y el día... a medio terminar.
Aquella manera de evadir la realidad,
Como se evitan los charcos de las calles de la ciudad en esos días lluviosos, nublados, húmedos y casi perennes, llenos de soledad.
Tan despacio, tan lejos, tan sutil,
Tu reflejo
se baña con la luz de la luna
En la ventana quebrada por el viento,
Amaneciendo de repente entre la última
Luz del tiempo.
Ese tiempo que consideramos nuestro,
Aquí, silente, deambula por calles y puentes.
Esos momentos, los lugares, besos y alientos
Que removían las sensaciones y revivían las ganas de existir
Con más fuerza que de costumbre.
Ahora, hoy, hace un momento, siempre
Estamos constantemente,
Frente a frente,
Abrazados, repitiendo ese preciso día,
doliendo aquí, latentes
Mis besos
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