La desnudez del alma
siempre llega tarde
y temprano a la vez.
Ahora que nos sirve muy poco,
transmito en diferido si no me equivoco.
Alardeando de cosas que pasaron
y que no,
olvidando lo que no pasó
y lo que sí.
Recortando y recordando,
con tus besos
también se fueron todos,
menos yo.
Me quedé aquí,
Con la vida en pausa,
El alma dañada
y la esperanza, ¿De qué?
Te llevaste todo
o no me quedó nada.
Dejo los pies en la arena,
el sudor y la lluvia.
Te regalo
los atardeceres que pasaron frente a nosotros, aunque siempre fueron tuyos,
compartirlos fue lo mejor que hiciste.
Las horas pasaron
y tu mirada aún es mía,
las calles oscuras pasaron
y tu boca aún es mía.
Te quedaste
con las calles y edificios
que apropiándose de nuestros momentos
que tal vez se disolvieron,
menos en mis recuerdos.
Dejo el café solitario,
amargo y tibio,
Evaporándose,
extinguiéndose con su propio calor.
lunes, 14 de agosto de 2017
Evaporación
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