martes, 12 de diciembre de 2017

Preámbulo a las instrucciones para dar carga al teléfono celular

Piensa en esto: cuando te regalan un teléfono te regalan un pequeño infierno florido, una cadena de rosas, un calabozo de tiempo de aire. No te dan solamente el teléfono, que los cumplas muy felices y esperamos que te dure porque es de buena marca, coreano con pantalla gorilla glass; no te regalan ese menudo rectángulo que te guardarás en el bolsillo y pasearás contigo. Te regalan —no lo saben, lo terrible es que no lo saben—,  te regalan un nuevo pedazo frágil y precario de ti mismo, algo que es tuyo pero no es tu cuerpo, que hay que atar a tu cuerpo con su correa como un bracito desesperado colgándose de tu muñeca, (si adquieres el reloj inteligente que se vende por separado) te regalan la necesidad de darle carga todos los días, la obligación de darle carga para que siga siendo un teléfono; te regalan la obsesión de atender a cada hora donde haya señal, en las promociones, ver los diferentes servicios telefónicos. Te regalan el miedo de perderlo, de que te lo roben, de que se te caiga al suelo y se rompa. Te regalan su marca, y la seguridad de que es una marca mejor que las otras, te regalan la tendencia a comparar tu teléfono con los demás teléfonos. No te regalan un teléfono, tú eres el regalado, a ti te ofrecen para el cumpleaños del teléfono.

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