A través de la mañana ausente del calor de su mirada, concedía una nueva oportunidad para emprender un nuevo vuelo.
Va caminando y se dirige sin un rumbo previsto hacia la ausencia inevitable del río sonoro de la oscuridad de la nada.
Permitiendo que la luz controle y atraviese las rendijas de sus párpados, la vida continúa. Los pasos constantes e inevitablemente sonoros van dando martillazos a la acera que recorre la ciudad, mientras la tarde que se aproxima y el letargo que se presentan después de haber comido, hace dormitar las vidas de quienes despiertos esperaban ese sol, que ahora es insoportablemente insoportable.
Pero ya se irá, se irá con tu recuerdo que se olvida para siempre...por un momento y regresa cuando de nueva cuenta, amanezca otra vez con la ausencia de tu calor.
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