Abismos de palabras que ensanchan los días, catapultando la efímera idea de la permanencia y la existencia misma de nuestras vidas.
Nos movemos de forma singular,
sabiendo o sin saber que llevamos la mitad de la vida en este mundo;
la que hemos vivido y la que no falta por vivir.
Mientras que las necesidades se disfrazan de sueños y los anhelos en fantasías. Interpretamos equivocados, todo lo que nos sucede, convocando a todas las neuronas a resolver tales incógnitas.
Y ellas, quejándose por la falta de espacio; yo reclamo su caída demográfica y su fuga en los peores momentos.
Y la perpetua manifestación que producimos, día a día, segundo a segundo, seguirá existiendo independientemente de lo que deseemos.
Nos volveremos a ver,
frescos, lúcidos, fragantes,
reconociéndonos o no. Recordándonos o haciéndonos notar.
Solamente espero que me recuerdes, mientras yo espero poder recordar.
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