sábado, 27 de febrero de 2016

Calles

Me encontré sorprendido, absorto y sin una idea de lo que tenía que hacer; estando parado a la puerta del edificio en donde había visto pasar los últimos años de mi vida.

Son los edificios, las calles, aún más las personas, todo eso que solemos llamar día de trabajo. Tiempo atrás, torres de papeles que conformaron ciudadelas, personajes llegaron, llegaban y llegarán; jefes sin poder, poder sin jefes; empleados sin trabajar y trabajadores que no lo son...tanto.

Pensar en las cafeterías, pastelerías, buses y hasta en el chiclero. Desgastando suelas y también asfalto. Vamos, venimos, dormimos, despertamos. Esos relojes que nunca se han sincronizado con la vida misma y ese elevador que funcionó, únicamente para volverse a descomponer o tal vez se creyó lo de la inmovilidad.

Seguimos convencidos que aún somos jóvenes y que la vida nunca nos cobrará factura. Minutos y segundos, horas, días y semanas, luego se consumen los meses y vemos pasar los años como un simple recuerdo; la nostalgia de esas tardes frías al salir del edificio, despidiéndose de todos, sin ver nada, sin ver a nadie, sin saber a quien. Toparse con quienes pasaste todo el día y saludarlos de nuevo como si nos saludáramos por primera vez...otra vez.

En el instante que pienso, que recuerdo, que vivo, hay una quietud; como si no fuera jueves, viernes o sábado. Como si las calles quedaran calladas de repente. A lo lejos escucho motores encendidos y vibrantes, pero sin prisa por seguir; aves cansadas de volar y sedientas por dormir. Pasillos lejanos, calles descongestionadas y luces sin encender.

Esos cafés que compartimos, dejando que el río de asfalto siguiera su cauce y hablar un rato más, vernos un poquito más.

Y siguen deambulando esos días, esos años muy parecidos al ayer inmediato, ese saber y recordar inconcluso.

Despertando de ese trance maravilloso que es recordar, vidas, horas, minutos, muerte y agonizante letanía. Ir y venir, preguntar y ver y volver a ver. Instantes que nunca se fueron, nunca se han ido, momentos que se me presentaron ante mis ojos.

Lo único que queda está en mi cabeza, en este instante, es mío, de nadie más.

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