Los intrépidos arrebatos que transitan por las carreteras de mi cuerpo,
entre el delirio y la pasión que desbordan los besos acomplejados,
inhibidos,
casi ausentes,
ante una boca sedienta de atención.
Llegando a conocer todos los detalles, uno del otro.
Nos cubrimos con el infinito firmamento nocturno,
dejando pasar las horas,
deseando que la noche dure lo suficiente como para encontrarnos otra vez,
de noche.
Para leer los pliegues de tu piel con mis dedos
y encontrar nuestras miradas en la mañana inaugural
de emociones encontradas.
Mientras tanto,
la luna resplandeciente
sobre tu vibrante piel,
me deja apreciar los últimos segundos de la moribunda oscuridad de la noche,
los ojos
que en instantes
abrirán su mirada.
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